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El calzado puede tener dos consecuencias nefastas: lesionar la elegancia o el físico. Un mal zapato duele en toda la humanidad y se refleja en los gestos y el humor, ya que puede apretar, incomodar o dar inestabilidad.
Los tacos excesivamente elevados aumentan la curvatura de la columna lumbar; resalta la cola, pero a expensas del cavado de la cintura. No hay columna que resista.
Un taco debería tener una superficie de apoyo amplia, a fin de estabilizar el talón en cada paso.
Si el taco es muy fino, la estabilización está a cargo de los ligamentos laterales, que se ubican en las cercanías de los tobillos, y cuando se pierde el equilibrio y se tuerce el pie provoca un esguince.
Todo lo que la imaginación femenina puede sugerir va dentro de la cartera.
El esqueleto tiene que funcionar simétricamente, pero cuando una carga pesa en un hemicuerpo, la simetría se rompe. Un pequeño peso no influiria, aunque es muy distinto cuando la cartera se convierte en el receptáculo de todos los elementos perdidos de la familia o del trabajo.
Transportar un exceso de peso por poco tiempo no afecta, pero cuando se trata de largas caminatas se va multiplicando e instintivamente la mujer compensa ese lado con una inclinación hacia el costado contrario, lo que desencadenará dolores en los músculos del cuello y la espalda.
Por otra parte, la estructura de los hombros femeninos muchas veces son caídos, lo cual cree un inconveniente para colgar la cartera, influyendo sobre dolores de columna cervical que provocan contractura y cefaleas, por lo general sobre los ojos y en la nuca, mareos de corta duración cuando se mueve bruscamente el cuello, adormecimientos nocturnos de manos, zumbidos de oídos, visión borrosa, opresión en el pecho, náuseas y hasta disminución de la memoria.
De hecho, la solución pasa por un tratamiento adecuado de desplazamiento vertebral y contracción de la musculatura cervical.
No hay que ser changadora ni heroínas de supermercado.
Es conveniente repartir el peso, la mitad en cada hombro o mano y evitar los pesos excesivos. Cargar bolsas de supermercado termina casi siempre en un consultorio traumatológico.
Se debe inculcar, desde chico, que no se esfuerce la osamenta; es lesivo para las articulaciones que los escolares porten mochilas repletas, más aún en etapas de desarrollo cartilaginoso, en plena etapa de crecimiento.
Cuando se ha pasado la menopausia, que se acompaña de osteoporosis, se debilitan las vértebras y se corren mayores riesgos de fisura o fracturas espontáneas. La mujer pierde en esa etapa el 1% del volumen de hueso por año, por lo que no es casual que pierda estatura y se encorve; por eso, no hay que agregar carteras pesadas a la columna.
Por lo tanto, no hay que llevar bolsas o carteras grandes, porque inevitablemente se llenan. El esqueleto requiere que se lo controle y trate.
Fuente; Doctor Norberto Hugo Furman, argentino