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Un reciente estudio dio a conocer que las emociones positivas actúan como antídotos contra el estrés, el dolor y la enfermedad en la vejez, a la vez que logran superar las situaciones estresantes, incrementan la salud física y mejoran la capacidad de atención, concentración y reflexión, también en los adultos jóvenes de 60 años.
Se han constatado estos resultados por Yaiza Martínez, de la Universidad estadunidense de Cornell en Estados Unidos, dando lugar a una publicación registrada en la revista Current Directions in Psychological Science, de la Association for Psychological Science (APS) de EE.UU.
Las ventajas se extienden a quienes atraviesan la vejez como a aquellos que poseen una edad que los agrupa como “adultos”.
A partir de revisiones de trabajos anteriores se observó que “ la idea de sentirse bien ejerce un efecto positivo en la salud de la tercera edad”.
Esta conclusión fue emitida por Anthony Ong, otro psicólogo e investigador de la citada universidad.
El profesional se ha especializado en la evaluación de los recursos emocionales, cognitivos y culturales que aplican las personas para adaptarse a los hechos adversos de la vida, a medida que aumenta la edad.
Según explicitó Ong en un comunicado de la APS: “Todos envejecemos. Sin embargo, es cómo envejecemos lo que determina la calidad de vida”.
Agregó el psicólogo que “una actitud positiva contribuye a la protección de la salud en la tercera edad; la gente más feliz afronta la vejez de modo preventivo, haciendo ejercicio regular y con un descanso nocturno”.
Remarcó, por otro lado, que este tipo de gente suele evitar comportamientos insanos :Los beneficios de ciertas elecciones en el estilo de vida cobran mayor importancia en la vejez, época en que los cuerpos se vuelven más vulnerables a la enfermedad.
Una visión optimista ayuda a afrontar el estrés, que es un factor de riesgo de contraer numerosas afecciones.
Diversas evaluaciones sobre individuos con emociones positivas más fuertes mostraron niveles más bajos de sustancias químicas asociadas con inflamaciones vinculadas al estrés. Por ello, la adopción de una actitud positiva, afirmó Ong, evita que los sujetos caigan incluso en daños físicos producidos exclusivamente por el estrés.
Por otra parte, “el bienestar psíquico llega a demorar las etapas de envejecimiento, cuando lo habitual es que se produzca un decaimiento gradual del sistema neuroendocrino, el sistema cardiovascular y el sistema inmune”, escribieron los investigadores de la casa de estudios en Current Directions in Psychological Science.
La vejez aumenta el peligro de exponerse a enfermedad y mortalidad. No obstante, las alteraciones de los procesos fisiológicos producto de la edad no son invariables: existirían diferencias en el grado de vulnerabilidad y en la resiliencia (capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas), que dependen de cada individuo y de su propia capacidad para sentirse bien.
Asimismo, la inteligencia emocional se incrementa desde los 60 años, y con una predisposición a superarse a sí mismo; ambos sexos se comunican mejor y con calma y paz interior.
La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, más la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, con su célebre libro: Emotional Intelligence, publicado en 1995. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones.
En primer lugar, las emociones positivas sirven para recuperarnos de la negatividad y de las consecuencias que ella genera en el organismo.
En pruebas realizadas en laboratorio, Ong descubrió que las emociones positivas propulsan la recuperación cardiovascular -más rápida del daño ocasionado por emociones negativas- y que, además, estas emociones estimulan la superación de momentos críticos de la vida, como la pérdida de seres queridos.
En segundo lugar, Ong sostuvo que las emociones positivas aumentan la capacidad de atención y de reflexión.
Las emociones positivas, en tercer lugar, estimulan la capacidad de enfrentar experiencias negativas; mientras que, en cuarto lugar, éstas suscitarían bienestar emocional y físico.
Ong recomendó, rumbo a la adaptación, cinco maneras de entender y potenciar los medios de desarrollo y florecimiento.
Una de ellas es buscar el sentido de la vida cotidiana, revisar acontecimientos adversos desde una perspectiva positiva, adjudicar esta última a los sucesos cotidianos y proponer objetivos realistas.
Una segunda vía propone técnicas de relación que ocasionen calma interior. Ong precisa que cada persona se conecte con otras para despertar juntos emociones positivas y encarar acciones motivadoras.
Por último, el cuidado personal significa: buena alimentación, buen descanso y ejercicio físico regular; factores que favorecen el bienestar físico y psíquico.