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Un ánimo depresivo produce una mala adaptación de las funciones cerebrales y, en consecuencia, se incrementa un dolor físico, según Chantal Berna, de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña).
La Organización Mundial de la Salud calcula que la depresión perjudica a 121 millones de personas, constituyéndose en una de las principales causas de incapacidad en el mundo.
Sus características son: tristeza profunda, falta de interés generalizado, e incapacidad para sentir placer. Suele acompañarse de sentimientos de desvalorización, alteraciones en el sueño y dificultades para concentrarse.
El tratamiento de psicoterapia y aplicación de fármacos suele ser efectivo, pero la OMS explicó que la depresión es mal diagnosticada y tratada en muchos países. Por ese motivo, menos del 25% de las personas con este mal reciben la ayuda que necesitan.
A través de imágenes neurológicas un estudio analizó la interacción entre los mecanismos cerebrales que vinculan a la depresión y al dolor físico. Los resultados se publicaron en Biological Psychiatry.
Berna y su equipo evaluaron a voluntarios con tristeza y les ocasionaron un dolor físico leve, mientras midieron en detalle lo que pasaba en sus respectivos cerebros.
Una tristeza de orden profundo lesiona el circuito del cerebro en cuanto al procesamiento de emociones, lo cual origina mayor percepción del dolor.
Una persona sana que es inducida por pensamientos negativos y escucha música depresiva, procesa el dolor de un modo mucho más emocional y desagradable. Así lo verificó el equipo investigador.
Berna concluyó que la tristeza impide la regulación de las emociones negativas vinculadas al dolor; entonces, el impacto del malestar físico tiene más efecto.