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El cerebro emplea procesos cognitivos preexistentes para afrontar un daño traumático, alguna modalidad de demencia y el Alzheimer.
Pero las manifestaciones clínicas difieren de una persona a otra según su reserva cognitiva.
Qué es la reserva cognitiva: dos tipos
Constan dos tipos de “reserva” que explican cómo cambia el funcionamiento cerebral y recuperación entre distintos pacientes.
El primero, responde a la presencia a un cerebro más grande, que reúne más neuronas o más sinapsis que se opondrían con mayor eficacia a cualquier lesión; es decir, los individuos en estos casos dispondrían de una porción del cerebro que sigue desenvolviéndose bien luego de haber sufrido un problema o patología.
El segundo, viene a ser que el perjuicio cerebral debe adecuarse a las distintas redes neuronales que fijan las tareas cognitivas o funcionales; significa lo siguiente: ellas subyacen invariablemente y son las que marcan reacciones cerebrales disímiles acordes a la manera en que el cerebro se ha desempeñado antes de padecer una irregularidad.
Cómo se enfrenta un daño
Conforme a lo expuesto en párrafos anteriores, el cerebro de acuerdo a sus características, procura enfrentar activamente la lesión con sus procesos cognitivos ya existentes o pone en marcha pasos compensatorios.
De ahí, que las manifestaciones clínicas sean desiguales en todos los individuos.
Esta conceptualización fue definida por Yaakov Sterm, director del departamento de neurología de Cognitive Neuroscience Division de la Universidad de Columbia, quien analizó en profundidad el tema.
Qué hacer para conseguir más reserva cognitiva
En principio, es preciso entrenar la reserva que en este aspecto posee cada sujeto.
· Factores protectores de deterioro cognitivo
Datos de investigaciones epidemiológicas, han contribuido a que Estern arribe a la siguiente conclusión: un alto cociente intelectual, elevados niveles educativo y cultural, una profesión o labor que requiere del pensamiento y de la reflexión y hasta un nivel socio económico libre de carencias, son factores que exponen a un menor riesgo de demencia y a que se produzca un declive mucho más lento o nulo de la capacidad cognitiva cuando se entra en la etapa del envejecimiento.
· Vida intelectual socialmente activa
Más aún, el experto ha remarcado que una vida intelectual y socialmente activa es esencial para evitar el deterioro cognitivo.
También ha especificado por qué ante una gran reserva cognitiva, sin embargo, es posible que la decadencia adquiera más dimensión y sea más rápida.
Por ejemplo, una persona con Alzheimer y alta reserva cognitiva no mostrará signos de deterioro hasta que la afección avance considerablemente, entonces, retrasa el punto de inflexión.
· Predominio de la enfermedad
Al llegar la enfermedad a cierto grado de predominio, ella experimentará un desenlace inevitable e independiente de la cantidad de reserva cognitiva.
Claro que el punto de inflexión se encontraría más cerca del momento en que surge el extravío completo del desenvolvimiento cognitivo.
Entrenamiento de capacidades cognitivas
El modelo de la “reserva cognitiva” brinda una vía para la prevención de inconvenientes cerebrales, o bien para que demore la baja cognitiva, si se mantienen en entrenamiento las funciones cognitivas.
Esta actitud de vida ayuda a que los síntomas del Alzheimer, al aparecer, no avancen en demasía.
No obstante, el propio Stern en 2009 indicó que quedan muchas situaciones sin resolución.
Siempre hace falta, dijo en la oportunidad el autor, que el médico tratante conozca totalmente el sustrato neurobiológico de la “reserva cognitiva”; esto “permite hablar de una reserva generalizada o específica para cada tarea que emprende el paciente.