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El hierro es un mineral necesario para la producción de hemoglobina, cuya función es transportar el oxígeno desde los pulmones hasta todas las células del cuerpo. Su falta puede generar anemia, dificultad para respirar, dolor de cabeza, irritabilidad, cansancio y pérdida de peso.
Asimismo, es un elemento esencial del colágeno, una proteína que se encuentra en los huesos, los cartílagos y los tejidos conectivos. Está presente en muchas enzimas del cuerpo; es un componente importante de la mioglobina, otra proteína que cumple un papel fundamental en la conducción del oxígeno hasta los músculos.
Los periodos más vulnerables a su déficit son el primer año de vida, la pubertad y el embarazo, aunque también puede afectar a mujeres en edad fértil.
Es fundamental su ingesta en el embarazo, dado que una gran parte la utiliza la madre para aumentar el nivel de sangre en un 50% y el resto lo usa el feto y la placenta para su desarrollo.
Las mujeres pueden aumentar el hierro en su dieta o utilizar las reservas de su organismo; en este último caso, si poseen un déficit, sufren anemia, especialmente en el segundo y tercer trimestre del embarazo.
Es una etapa de la vida en que la necesidad de hierro aumenta, en especial en las niñas que luego de transitar la pubertad comienzan a menstruar.
La ausencia de hierro suficiente o la mala absorción del mismo genera estados de debilidad, mareos, caídas del cabello, palidez, dolor en el pecho, piel fría y húmeda, entre otros síntomas que se manifiestan por su carencia para originar células rojas.
Aumento de pérdida de sangre
Menstruación abundante, sangrado digestivo, sangre en la orina
Períodos de embarazo, lactancia o crecimiento
Disminución en la absorción intestinal
Alimentación escasa.
Las mujeres con periodos menstruales profusos.
Las embarazadas y luego del parto, debido a que necesitan hierro adicional para satisfacer al bebé, incluso para reponer el hierro perdido a causa de la hemorragia en el parto.
Los bebés, cuando comienzan a comer sólidos, deben ingerir alimentos que contengan altas cantidades de este mineral.
Los menores entre 1 y 4 años por su rápido crecimiento precisan hierro, suplementos o alimentos fortificados con el mismo.
Los adolescentes, también por su rápido crecimiento, tienden a ser propensos a la anemia por hábitos alimentarios erróneos o preocupaciones por la apariencia corporal.
Los atletas con esfuerzos excesivos dañan los glóbulos rojos.
Las personas que pierden sangre por vía intestinal o con problemas de absorción en el tracto gastrointestinal.
Los adultos mayores padecen de falta de hierro si el régimen alimentario es demasiado pobre, combinado con la situación de que el aparato digestivo ya no lo absorbe adecuadamente de los alimentos.
Carnes rojas, pollo y pescado, hígado y riñon
Yema de huevo
Lentejas, garbanzos, acelga y espinaca, tomate, pan y cereales (fortificados con hierro)
Frutas secas (nueces, almendras)
Frutas deshidratadas
Cerdo
Pasas, soja, ciruelas y su jugo, atún, sardinas, salmón, avena, maíz tostado, aceitunas, hígado de ternera, cordero y pollo.
Fuente: Federación Argentina de Entidades Solidarias de Salud