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Las personas que después de padecer un infarto viven acompañadas, experimentan menos consecuencias que aquellas que se hallan solas.
Los peores daños físicos que produce un ataque al corazón se sobrellevan con compañía y apoyo social, logrando incluso su minimización, según estudios recientes.
El apoyo y la compañía social contribuyen a disminuir algunos de los peores perjuicios físicos provocados por un ataque cardiaco. Se ha constado que el apoyo y la convivencia, o compañía asidua, ocasionan menos consecuencias desfavorables.
Una investigación (realizada con ratones) publicada recientemente en la Proceedings of the National Academy of Sciences, indica que la interacción social protege contra algunos efectos negativos, sobre todo cuando se procura un control más cercano a lo normal respecto al ritmo cardíaco.
La variabilidad del ritmo cardíaco después de un ataque al corazón está altamente involucrada con la capacidad de sobrevivir, de acuerdo a Courtney DeVries, uno de los autores del estudio.
"Confirmados los resultados, podríamos decir que la soledad ejerce un fuerte impacto negativo, restando capacidad de vida, a las víctimas de ataque cardiaco", remarcó.
Los ratones que convivieron con un compañero se vieron menos afectados
tras un ataque cardiaco, que los que estuvieron solos.
Además, los ratones que estaban solos mostraron más de dos veces muerte neuronal en el área del hipocampo de su cerebro, que los roedores que vivían con un compañero.
"Algo tan simple como vivir con otro ratón puede reducir a la mitad la cantidad de muerte celular en el cerebro como consecuencia de un paro cardíaco".
En una prueba, los ratones mostraron síntomas de ser menos depresivos que los ratones que vivían solos. Acompañados, pasaban más tiempo nadando cuando se los colocaba en agua; en tanto, los ratones aislados socialmente se mantuvieron más tiempo flotando y sin moverse, algo que los investigadores califican como un síntoma depresivo.
A todos los ratones que adolecieron de un paro cardíaco se les evidenció más pro-inflamatoria, aunque sobre todo en los solos.
"Creemos que esta inflamación podría relacionarse con muchos de los problemas que arrastra un ataque al corazón, incluidas las psicológicas, como la depresión", explicó Vries.
Cabe señalar que luego de tres días posteriores al ataque de corazón, los ratones aislados socialmente obtuvieron niveles significativamente más altos de corticosterona, ( hormona del estrés); sosteniendo ese estado durante siete días después del infarto.