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En el marco del proyecto “Vigilancia Europea del Consumo de Antibacterias” (EASC), y tras la reciente decisión de la Unión Europea de prohibir a partir de 2011 el químico bisfenol A (BPA), en la producción de plásticos para biberones, por su presunta alteración hormonal más su interferencia en el sistema endocrino y reproductivo, investigadores de Chipre acaban de descubrir restos de medicamentos en el suministro de agua, que son una posible amenaza para la salud publica.
Los chipriotas son los principales consumidores de antibióticos de la Unión Europea. Las sustancias químicas halladas en las cañerías responden también a analgésicos y antidepresivos.
La población de Chipre está habituada a la ingesta excesiva de pastillas y esto ha sido motivo de preocupación para los expertos, quienes creen necesario profundizar los estudios al respecto, dado el impacto dañino de una acumulación a largo plazo de químicos en el agua, así como de la interacción de cada cóctel de sustancias si la población no disminuye el uso habitual de las mismas.
"La sociedad debe prestar más atención a los problemas de la calidad del agua, porque es algo que se da por sentado", dijo el doctor Konstantinos Makris, profesor asistente en el Instituto Internacional para la Salud Pública, que forma parte de la Universidad de Tecnología del citado país.
El instituto, asociado con la Escuela de Salud Pública de Harvard, evaluó en la provisión de agua la presencia de 16 productos farmacéuticos -seis de los cuales se sabe o se sospecha que contienen componentes para la alteración endocrina-, dos ignífugos (materiales termoacústicos utilizados en discotecas bailables), una fragancia o un repelente de insectos, entre otros.
"Encontramos casi todos ellos en las aguas residuales tratadas, hubo menos en las aguas subterráneas y descubrimos dos en las tuberías del grifo de casa", revelo Makris.
"Pensamos que un proceso de tratamiento de aguas residuales es lo suficientemente eficaz para eliminar la mayoría de estos químicos", añadió.
“No es un problema solo chipriota, Grecia se ubica en este aspecto en el primer lugar; en realidad, es un inconveniente de orden mundial sobre todo en naciones desarrolladas, donde las personas toman mucha cantidad de medicinas, aun cuando una mayoría de casos no lo ameritan”, explico Markis.
En concentraciones muy pequeñas, de "nanogramos por litro", los investigadores verificaron el popular analgésico ibuprofeno en el agua corriente para uso doméstico, así como el químico bisfenol A (BPA), que puede ser utilizado en la producción de plásticos.
La presencia de Ibuprofeno en concentraciones muy pequeñas de nanogramos por litro, da cuenta de la extraordinaria ingesta de este analgésico por parte de los chipriotas, mientras que el BPA puede provocar en la mezcla una alteración hormonal, según el informe de los especialistas.
Si bien actualmente el agua potable no reúne altas sumas de ibuprofeno
O BPA que indiquen un peligro inmediato, corresponde iniciar una gestión de residuos con perspectiva a largo plazo y prácticas de reciclaje para farmacología caducada. Así recomendaron los estudiosos chipresenses e ingleses.
"El tratamiento convencional no está diseñado para quitar estas sustancias contaminantes emergentes, por lo que es obvio que se necesitan otras tecnologías", concluyó Makri.