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Dormir es fundamental para mantener en buen estado las funciones cognitivas como la memoria, el pensamiento y el aprendizaje, agregándose procesos fisiológicos, como el sistema inmune, el aparato cardiovascular y el metabolismo.
De ahí que es difícil compensar durante el sábado y domingo el sueño que se ha perdido en el transcurso de una semana laboral; además, un descanso insuficiente siempre baja el desempeño en el día, por más que se postergue el tiempo dedicado al sueño para el fin de semana.
El ciclo de vigilia y sueño se halla bajo el control del ritmo circadiano, que especifica los procesos fisiológicos del cuerpo según cada momento del día y de la noche.
El ritmo regula los momentos ideales para dormir, despertarse y comer, entre otros tantos otros episodios fisiológicos, actuando como una especie de reloj biológico.
Un estudio estadounidense analizó la pérdida del sueño en una noche y en varias semanas. Los voluntarios vivieron tres semanas despiertos por 43 horas y después durmieron 10 horas. Por lo tanto, descansaron un promedio de 5,6 horas diarias, una cifra mucho menor de la necesaria.
Daniel Cohen, uno de los investigadores, explicó que la gente que dedicó 10 horas de sueño en el fin de semana para reponerse, en un principio trabajaron bien, pero tras seis horas sólo dedicadas a dormir y en forma repetitiva en sus jornadas laborales, provocaron finalmente la baja drástica de su capacidad de rendimiento.
Mientras avanzaban los días abocados al trabajo y la necesidad de sueño se iba incrementando, la reacción fue siendo más y más lenta cada día; al levantarse todo parecía normal, pero pasado apenas un rato se notó en cada persona el descenso pronunciado de reflejos.
Es falsa la sensación de que uno o dos días de buen descanso alcanzan para recuperar una deuda crónica de sueño, destacó Cohen.
“Las consecuencias desfavorables siempre se hallan presentes en estas circunstancias, aún cuando las personas creen no notarlas”, afirmó el científico, destacando “su imposibilidad de desarrollar un buen trabajo por la carencia de reacciones físicas y mentales que permitan un buen desempeño.”
Remarcó: “sin el descanso necesario la gente decae física y psíquicamente”.
Alertó, por su parte, Elizabeth Klerman, una estudiosa del equipo: “dormir poco puede llevar a situaciones peligrosas, en las que los sujetos no logran conciencia de que la deuda de sueño los lleva a una mayor vulnerabilidad, que se observa por ejemplo al adormecerse en el manejo de un móvil y en el trabajo que se realiza exclusivamente de noche”.