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La mayor concentración de dioxinas cancerígenas en el mundo y una de las tasas más altas de enfermedades respiratorias se registran en China, según la Universidad de Shantou, Guiyu.
Se suman en la población problemas cutáneos, migraña, vértigo, gastritis crónica y úlcera duodenal.
En el hospital local de Guiyu reconocen que esta ciudad se halla a la cabeza de abortos y nacimientos con deformaciones y enfermedades congénitas.
Su motivo es porque para extraer los metales más preciados, como el oro, la plata y el paladio, que se avienen a la constitución de aparatos electrónicos, se aplican baños de ácido altamente contaminantes, en tanto que el tratamiento de otros metales pesados genera vapor de mercurio. Todos tóxicos para el organismo humano.
El problema primordial es el plomo, que se introduce en el cuerpo por todas las vías posibles y hace que los niños padezcan: capacidad intelectual disminuida y trastornos en los sistemas nervioso y reproductivo.
Huo Xia, investigadora de la facultad de Medicina de la Universidad de Shantou, efectuó pruebas a 165 jóvenes de la ciudad y los resultados demostraron el impacto del reciclado de la basura electrónica en su salud.
El 82% superó la concentración de plomo en sangre que se considera peligrosa por la Organización Mundial de la Salud, y la media fue un 49% superior.
Huo comparó los resultados con una muestra similar en Chendian, un pueblo cercano que no participa del reciclado. Allí sólo el 20% de los niños reunía exceso de plomo en la sangre.
El número de nacidos muertos en Guiyu multiplicó por seis el de Chendian, y el porcentaje de partos prematuros fue un 62% superior.
Se destacó que muestras de polvo y tierra analizadas por Greenpeace surgieron contaminadas con arsénico, antimonio, cadmio y una larga lista de metales que, a través de los alimentos, se incorporan en el cuerpo de la gente.