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Es falso que quien se encuentra en dieta no pueda comer pastas. Son alimentos energéticos debido a su riqueza en hidratos de carbono. Eso no quiere decir que son “engordantes”. En realidad, pueden ser incluidas en una alimentación reducida en calorías, siempre en una porción moderada, como un plato postre.
Lo que hay que vigilar es la salsa que las acompaña y la cantidad de queso rallado que se espolvorea. La calidad de estos elementos y su proporción son los factores que pueden transformar a un plato de pastas en una revolución calórica.
Las salsas más light son filetto, blanca light, o la combinación de ambas. Las más ricas en grasas y calorías son “los cuatro quesos”, pesto, crema y las que llevan panceta o chorizo colorado.
Otro mito falso es el que sostiene que el tomate tiene más vitamina C que el ají, ya que consumidos crudos los dos aportan esta vitamina al organismo.
El ají tiene, en promedio, seis veces más vitamina C que el tomate. Lo que sucede es que como suele consumirse cocido, disminuye notablemente el contenido de este nutriente.
Ambos aportan fibra, betacarotenos y potasio. El tomate contiene un fotoquímico, licopeno, que es un potente antioxidante.
Otra similitud entre el ají y el tomate es que son hortalizas con muy poca cantidad de calorías.
Por último, el ají picante (chili) no brinda mucha vitamina C, aunque posee capsaicina, una sustancia que ayudaría a prevenir algunos tipos de cáncer.
Fuente: Cómo curan los alimentos, de Miguel Amodóvar