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Las personas con diabetes tipo 2 mayores de 70 años de edad duplican la posibilidad de sufrir un deterioro cognitivo, aunque –en teoría- la baja intensiva de la glucosa en sangre retardaría este proceso.
No obstante, el reciente estudio ACCORD MID, publicado en The Lancet Neurology, asegura que una reducción drástica de la glucemia no garantiza la prevención de dicho declive.
La investigación evaluó a alrededor de 3000 pacientes de 55 años con este tipo de diabetes y que se hallaban frente al peligro de adquirir una enfermedad cardiovascular por poseer altos niveles de glucosa.
Los participantes se dividieron en dos grupos: el primero se sometió a un tratamiento intensivo de la glucemia; en tanto, al segundo, se le aplicó un tratamiento estándar.
El trabajo fue encarado por un equipo dirigido por Lenore J. Launer del Instituto Nacional del Envejecimiento, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud en Bethesda (Estados Unidos).
Tras 40 meses de seguimiento, un mayor riesgo de muerte en el primer grupo hizo que los especialistas impusieran a los 39 meses -en la totalidad de los participantes- el tratamiento estándar.
Los pacientes del primer grupo mostraron un volumen significativamente mayor de su cerebro a los 40 meses, en comparación con el segundo.
Un riesgo incrementado de morir y otros motivos como la ausencia de beneficio general sobre la enfermedad cardiovascular, más el aumento de los eventos hipoglucémicos y de peso, condujo a la conclusión de que no es recomendable el tratamiento intensivo.
“La función cognitiva afecta a la capacidad de los pacientes a la hora de seguir protocolos de manejo de enfermedades complejas, y el deterioro cognitivo predice la enfermedad cardiovascular y los eventos hipoglucémicos severos”, según los autores.
Añadieron: “las estrategias de prevención precoz para reducir el riesgo de deterioro cognitivo son necesarias porque la longevidad de los pacientes con diabetes aumenta”.
La diabetes de tipo 2 no es dependiente de la insulina y aparece en adultos. Es crónica, no tiene cura y se caracteriza por altos niveles de azúcar en la sangre. Comienza cuando el cuerpo no responde correctamente a la insulina, una hormona secretada por el páncreas.
Cuando la glucosa no entra en las células, el cuerpo no puede utilizarla para producir energía.
Esta diabetes es generalmente acompañada por obesidad y resistencia a la insulina. Significa que las células grasas, hepáticas y musculares no responden normalmente a la insulina. Como resultado, no almacenan azúcar para obtener energía.
Dado que los tejidos no responden bien a la insulina, el páncreas la produce en mayor cantidad.
Entonces, porque el azúcar no llega a los tejidos, se acumulan niveles anormalmente altos de azúcar en la sangre, dándose así la hiperglucemia.
La gente con sobrepeso tiende a resistirse a la insulina porque la grasa interfiere con la capacidad del cuerpo de usarla. También contraen esta afección personas delgadas, especialmente ancianos.
Otra fuente consultada: American Diabetes Association. Standards of Medical Care in Diabetes, Estados Unidos