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Se descubrió, recientemente, que una doble posibilidad de reunir menos o más cromosomas habituales en todos los niños, se constituye en la primera evidencia de que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) tiene un origen genético.
Especialistas británicos trazaron una comparación de genomas de 366 niños británicos -de 5 a 17 años con TDAH- con más de mil niños similares sin el trastorno.
Se concentraron en una secuencia de genes vinculados con el desarrollo cerebral que, anteriormente, había sido vinculada con trastornos como el autismo y la esquizofrenia.
En los chicos sin TDAH, el 7% poseía cromosomas de menos o duplicados en la secuencia genética analizada.
En contraposición, la población con el trastorno, mostró un 14% de alteraciones genéticas.
Los investigadores también encontraron que el 36% de los pacientes con problemas de aprendizaje adolecían de anormalidades cromosomáticas.
"Es la primera vez que hallamos que los niños con TDAH tienen porciones de ADN duplicadas o faltantes", dijo Anita Thapar, profesora en el Centro MRC de Genética Neurosiquiátrica y Genoma en la Universidad de Cardiff, coautora del estudio.
Agregó que las conclusiones se aplican a personas de ascendencia europea o caucásica, en razón de que no se analizaron otros grupos étnicos.
Se ha arribado al convencimiento de que este trastorno que afecta a millones de niños en el mundo recibe una importante influencia de un componente genético.
Especialistas norteamericanos, tras un análisis, sostuvieron que el TDAH perjudica del 3% al 5% de los niños de edad escolar.
El estudio fue financiado por Action Research, Baily Thomas Charitable Trust, Wellcome Trust, el Consejo Británico de Investigación Médica y la Unión Europea y publicado en la revista médica Lancet.
Peter Burbach, profesor de neurociencia molecular en el Centro Médico de la Universidad de Utrecht, en Holanda, quien no se integró a la investigación, se sorprendió de que algunos de los defectos genéticos hallados en el TDAH fuesen idénticos a los del autismo y la esquizofrenia.
"Existe una fuerte probabilidad de que el ambiente esté modificando estos genes", afirmó Burbach, “los genes podrían conducir a varios trastornos cerebrales, dependiendo de la crianza del niño y otros factores genéticos.”