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El café común, el descafeinado y el té tradicional, bebidos regularmente, ayudan a disminuir el riesgo de contraer una diabetes tipo 2.
La diabetes tipo 2 es un mal crónico que se vincula con la obesidad y la vida sedentaria, si bien los especialistas no descartan la influencia de la genética familiar para la generación de esta enfermedad.
Lo cierto es que se trata de un serio problema de salud en el mundo; se calcula que habrá 380 millones de diabéticos en 2025.
Surge porque el organismo no produce insulina o no reacciona ante ella adecuadamente. Esta hormona (insulina) tiene a su cargo la regulación del nivel de glucosa en la sangre; por lo tanto, el azúcar aumenta en el torrente sanguíneo cuando se declara la enfermedad.
No se experimentan síntomas al comienzo de este mal, pero con el paso del tiempo aparecen problemas de visión, disfunción eréctil, neuropatía (daño temporal o permanente en el tejido nervioso), dificultades en la cicatrización de heridas y fatiga, entre otras muchas complicaciones.
Se evaluaron 31 estudios sobre la temática, a través de la Universidad de Sydney, la que se centró en el análisis del posible desarrollo de la diabetes tipo 2 a partir de la toma habitual de café regular, café descafeinado y té.
La ingesta de 3 a 4 tazas por día de café arrojó una baja del 25% de incurrir en la enfermedad.
A la vez, 3 o 4 tasas por jornada de café descafeinado fueron más alentadoras: el riesgo disminuyó a un 33%.
Para el té, en igual cantidad, el peligro resultó 20% menor.
Los australianos advirtieron que no se debe creer que el efecto protector provenga únicamente de la cafeína. Subrayaron que hay que tener en cuenta, a raíz de los resultados derivados del café descafeinado, otras moléculas que se encuentran en estas infusiones: magnesio y ciertos antioxidantes.
Si estos elementos ratifican beneficios, se aliviarían millones de sujetos con diabetes tipo 2, o no adolecerían de ella.
“En un futuro próximo –especularon- quizás los médicos recomienden a sus pacientes el té y café, más la práctica de ejercicio físico, para no experimentar este mal o disminuir su intensidad.