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La cirugía refractiva va cobrando cada día más adeptos como una real opción para dejar de lado anteojos y lentes de contacto.
Este método oftalmológico se aplica para la miopía (objetos distantes se ven borrosos, mientras que los cercanos son vistos con claridad) astigmatismo (trastorno de la córnea que ocasiona visión desenfocada) o hipermetropía (dificultad para ver objetos cercarnos).
Existe la posibilidad de la intervención refractaria cuando el paciente no quiere o no tolera la utilización de ninguna de las herramientas disponibles: anteojos o lentes de contacto. Así lo definió Eduardo Mayorga, jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Italiano de la Argentina.
La intervención quirúrgica refractiva aplica un láser sobre la córnea: el tejido transparente que recubre el frente del ojo y permite el paso de la luz. Se conoce como LASIK.
Esta práctica talla sobre la córnea el aumento que precisa cada paciente.
Quien necesita escaso aumento es factible que acceda a este tratamiento; sin embargo, en general se destina a las personas que sobrepasaron la medida de 1,5 dioptrías.
La metodología es ideal para gente con más de 23 años de edad, mujeres no embarazadas ni en etapa de lactancia; individuos sin el padecimiento de inconvenientes oculares y con un aumento de graduación oftalmológica que se conservó sin variantes en los dos últimos años.
La probabilidad de esta cirugía se descarta cuando la córnea es sumamente delgada, dado que el láser no llega a tallar el aumento preciso para cada ojo; tampoco se acepta en estado de miopías altas. Los cirujanos, en estas circunstancias, efectúan varios estudios antes de avanzar con el láser, según Mayorga.
El éxito del uso del láser depende de la situación de la visión. “Si el ojo se halla bien, el éxito alcanza el 98%, es decir que la enorme mayoría de los pacientes no vuelve a llevar anteojos o lentes de contacto cuando tiene menos de 40 años", destacó Mayorga.
No obstante, el experto anticipó: “algunas personas sí deben recurrir a los anteojos o a los lentes, en tanto efectúan actividades muy demandantes para la visión, como conducir de noche o ver cine desde las butacas posteriores de la sala.”
Por otra parte, los especialistas remarcan que la cirugía no impide que -con el transcurso del tiempo- la miopía, hipermetropía o astigmatismo inicien un progreso marcadamente ascendente.
Mayorga abundó en detalles sobre peligros potenciales de la intervención quirúrgica refractiva.
"La gran mayoría de los casos se concreta sin complicaciones de ningún tipo. El resto, que abarca entre el 2% a 5% de los pacientes, presenta problemas pasajeros como molestias en un ojo pero éstos se arreglan.”
“Hay potenciales complicaciones, aunque si un paciente reúne antecedentes que admiten la cirugía, no hay razón ninguna para no realizarla”, remarcó Mayorga.