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Tras advertir trastornos de conducta y en el rendimiento académico de los alumnos, docentes de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional del Nordeste, en Argentina, encararon una investigación que permitiera determinar el consumo de medicamentos. Se comprobó que existe una marcada influencia publicitaria de la industria farmacológica.
El estudio demostró que los fármacos más utilizados son para el Sistema Nervioso Central y al sistema Musculoesquelético. Según explicó Julio Lotero, profesional a cargo del trabajo, para los alumnos relevados la ingesta de fármacos es sinónimo de salud.
Entre los encuestados, el 84% reconoció que alguna vez consumió medicamentos influenciado por la publicidad; en su gran mayoría son analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos.
Lotero señaló que, con esta tendencia, se produce un consumo elevado de AINEs, sustancia que podría dar lugar a la aparición de efectos adversos importantes, sobre todo en el aparato gastrointestinal.
En la investigación se examinaron a 100 estudiantes, 20 de cada año de la carrera. Los datos fueron extraídos por monitores a través de una encuesta estructurada con preguntas cerradas y abiertas. Las variables consideradas fueron edad, sexo, año que cursa, medicamento o medicamentos que toma, finalidad terapéutica, quién lo recomendó e influencia de la publicidad.
Entre las mujeres encuestadas se evidenció la utilización de un peligroso psicofármaco, el clonazepam, tomado como ansiolítico, por indicación de familiares.
Los profesionales a cargo del trabajo destacaron: “Deberían evaluarse las causas que motivan el uso de este psicofármaco, a fin de determinar la racionalidad de su utilización, debido a la posibilidad de que lesione la capacidad cognitiva y el rendimiento psicofísico en el estudiante de odontología por la gran actividad manual que despliega durante su trayecto formativo.
Tal conducta crea un problema para la salud pública y para la sociedad toda, denominado “medicalización de la salud.”
Asimismo, los investigadores mencionaron que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce y acepta la automedicación. Pero cuando ésta es responsable. Y ejemplifican el uso de medicamentos de libre acceso (sin receta médica) para el alivio de síntomas poco graves como las dolencias leves de garganta, estómago u oído, y siempre y cuando esta automedicación no reemplace el contacto del profesional con el paciente.
“En la autoprescripción, se deja a un lado al facultativo; es el paciente quien decide qué medicamento tomará e incurre en la utilización indiscriminada de fármacos sin receta ni supervisión facultativa”, concluyeron los especialistas.