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La falta de cortesía en el trabajo sanitario genera consecuencias negativas inesperadas.
Una persona tiene más posibilidades de cometer un error si sufre una actitud grosera o ve cómo la padece un compañero de labor.
A dichas conclusiones llegó la investigadora Rhona Flin, de la Universidad de Aberdeen (Reino Unido), quien publicó un artículo en la revista BMJ.
En áreas cerradas tan solo ser testigo de un acto de mala educación entre colegas parece ser suficiente para obstaculizar el trabajo en equipo.
La especialista explicó que esta situación provoca peligros muy serios en los hospitales y centros de salud, donde el maltrato es una amenaza para la seguridad de los pacientes y la calidad de la atención.
Las personas preocupadas por la seguridad de los pacientes deberían darse cuenta de que el buen trato entre los profesionales de la salud adquiere muchos más beneficios que una simple atmósfera de armonía, dijo Flin.
Una investigación realizada con el personal completo de 391 quirófanos encontró datos que parecen mostrar que la descortesía es moneda corriente en los establecimientos de salud.
El 66% de los profesionales adujo que adoleció de un comportamiento agresivo de las enfermeras en los últimos seis meses, mientras que el 53% había sido víctima de semejante trato por parte de los médicos cirujanos.
A su vez el 63% de los encuestados manifestó haber sido testigo de desacuerdos entre los cirujanos y las enfermeras de cirugía, y el 58% recordó discusiones entre enfermeras de cirugía y de sala.
Muchas enfermeras aseguraron que debieron muchas veces tolerar el mal carácter y los enojos de los médicos.
En los ambientes quirúrgicos, todos los trabajadores precisan niveles muy altos de atención y memoria para la ejecución de las tareas. Si no hay un buen trato en el quirófano y esto afecta la habilidad de los profesionales, la exposición al peligro se incrementa para los pacientes, ya que dependen de que los médicos y enfermeras ejecuten sus tareas sin problemas, concluyó Flin.