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Hay una serie de esquemas mentales que se forman a raíz de experiencias traumáticas ocurridas en la infancia; ellas se hallan profundamente marcadas y aún afectan tanto el presente como el futuro.
Existe un procedimiento terapéutico que apunta a “volver a escribir el pasado” y que precisamente pretende borrar esos esquemas mentales para que no continúen perturbando la vida, explicó el psicólogo Luis Eduardo Peña, especializado en Psicoterapia del Comportamiento de Colombia.
El logro se obtiene a través de un procedimiento terapéutico llamado Imagery Re-scripting Terapy, en el marco de una terapéutica más general: la terapia cognitivo-conductual. Se requieren como mínimo diez sesiones.
Peña dio el ejemplo de una mujer adulta que fue sexualmente abusada en su infancia. En cada oportunidad que se predispuso a sostener relaciones sexuales con su novio, esas imágenes del pasado sobrevinieron a su mente, por lo cual se veía imposibilitada de llevar una vida sexual satisfactoria.
Lo habitual es que para el tratamiento no se convoque a la familia. Si se dan otros inconvenientes familiares, se recurre a otra terapéutica.
Con el objetivo de ayudar a una persona con traumas que provienen de su pasado, el primer paso es que vuelva a imaginarse la escena que la afectó.
Un segundo paso es que la imaginación se conserve pero sin obligar al paciente a intervenir, mientras evoca la edad y circunstancia cuando se produjo el trauma.
Por último, se pide al individuo que en su estado actual, con la edad que tiene, imagine nuevamente el hecho producido cuando era chico, pero con la diferencia de que esta vez se lo invita a intervenir para salvar al niño que fue.
No es una escuela de terapia, sino un procedimiento que se usa en acontecimientos muy específicos donde el sujeto sigue preso a su pasado y éste coexiste mientras transcurre su presente y se proyecta hacia el porvenir, conforme lo explicó el psicólogo.
Este modo de actuar en el ámbito de la psicología está tomando mucho auge. Contribuye a la recuperación de víctimas de otros traumas, como los derivados de abuso infantil, violación, secuestros y torturas, al igual que en casos de depresión, fobia o ansiedad social y gente que en su niñez fue objeto de burlas y que en el presente traban su integración en el orden social.
Es una herida psíquica que sufren ciertas personas por un suceso o conjunto de sucesos negativos en su vida, que los afecta dramáticamente generándoles dolor y angustia emocional. Todo ello deja huella y sufrimiento, al extremo de que modifica la personalidad e impide el dominio de comportamientos en el futuro ante hechos similares.
En algunas ocasiones es el resultado de lo que se percibió y no de lo que realmente aconteció. Por ejemplo, una persona adolece de un trauma emocional porque en su infancia se sintió rechazada o no querida, cuando la realidad no fue efectivamente así, pero no deja de vivirlo tal cual su convencimiento al respecto.
Un trauma surge a cualquier edad. Es habitual que ocurra en la infancia y en la adolescencia porque son etapas vulnerables; lo desagradable y perjudicial queda marcado con más fuerza.
Los enfermos de ansiedad social sienten mucho miedo y se ven con graves problemas para interactuar socialmente. Temen que la gente los evalúe de manera negativa. Por lo tanto, se abstienen de participar en encuentros sociales, o si lo hacen, sufren mucha ansiedad.
Los expertos vinculan este trastorno con una timidez severa que interfiere desfavorablemente en la vida social.
La depresión puede ser consecuencia de un trauma. El pensamiento de un depresivo gira en torno de uno o varios hechos que lo llevaron a enfermarse.
Peña citó un ejemplo: quien sufre depresión debido a una ruptura matrimonial, se detiene a considerar cuanto conduzco a la separación, como una infidelidad de su pareja; esa imagen la encuentra en su mente casi sin interrupción y se instala así el trastorno depresivo.
Es fundamental, según Peña, saber lo siguiente: “Siempre de las circunstancias negativas hay que aprender algo nuevo. Cuando uno ha tenido una experiencia traumática, debe preguntarse: ‘¿Qué aprendí yo de esto?’ ‘¿Qué cosa positiva me puede aportar para mi vida?’”.
No obstante, aclaró que este tipo de interrogaciones no son aplicables en ciertos casos. “¿Qué experiencia positiva puede sacar una niña que a los 9 años fue sexualmente abusada? ¿Qué positividad encuentra una persona que al ser víctima de un robo presenció el asesinato de dos familiares muy allegados?”
Recomendó que la gente que se siente atada a su pasado busque asistencia profesional.