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Para que los chicos logren una mejor calidad de sueño y consecuentemente alcancen un desarrollo físico e intelectual sin inconvenientes, el cumplimiento de las siguientes instrucciones son imprescindibles:
deben dormir entre seis y ocho horas diarias;
tener establecida una hora fija para ir a la cama:
no mirar televisión por periodos prolongados o escuchar música estridente, sobre todo antes de ir a dormir;
mantener un ambiente con temperatura constante y propicia en el transcurso de la noche.
Estas recomendaciones fueron difundidas por especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que también dispone de un establecimiento específico para revertir las anomalías de este orden que tanto daño producen en los menores.
El sueño sano favorece la posibilidad de mantenerse alerta, que no se resienta la memoria y se alcance una buena conducta, conceptos que fueron emitidos por el doctor Miguel Ángel Jiménez Sanjuán, jefe del Servicio de Higiene Mental del Hospital General, del Centro Médico Nacional La Raza.
Añadió que los niños que respetan entre seis y ocho horas de sueño por día, se desenvuelven mejor y reúnen menos tendencia a experimentar problemas de comportamiento e irritabilidad.
Jiménez San Juan destacó: “es importante que los padres ayuden a sus hijos a adquirir buenos hábitos de sueño desde una edad temprana”.
Otras consecuencias de un mal dormir promueve en los niños actitudes irritables, agresividad, una fatiga exagerada y somnolencia durante el día, todo lo cual contribuye a que pierda su atención al cumplir sus actividades escolares y acaben en un bajo rendimiento.
Los ciclos de sueño y vigilia deben completarse para el buen funcionamiento del organismo.
No sirve dormir 12 o 18 horas si el sueño no es reparador ni de buena calidad.
Las horas de sueño corresponde que se determinen de acuerdo con la edad y la exigencia de las actividades diarias.
El psiquiatra mencionó algunos desórdenes del sueño, que los progenitores tienen que identificar en la búsqueda de una solución:
pesadillas angustiantes; terrores nocturnos (con periodos de transición); estrés; cambios de rutina diaria o forma de vida; apnea del sueño (pausas respiratorias y ronquidos); sueño inquieto y somnolencia en el día.
El crecimiento desmedido de las amígdalas, las alergias nasales y la obesidad, son factores de alta implicancia que consolidan este trastorno.
La “Clínica del sueño” en el Distrito Federal de México se ocupa de todos estos aspectos, procurando el alivio y control de los padecimientos.
Remarcó el experto que los padres tienen que vigilar cuanto interfiera en el objetivo de un buen dormir, de lo contrario, “exponen a su hijos a crecer sin la suficiente salud física y mental”.