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El tracto digestivo se ocupa de digerir y absorber nutrientes,.con el fin de llevar a cabo los procesos metabólicos. Asimismo, hay que tener en cuenta que la mucosa intestinal brinda una defensa contra la presencia de antígenos alimenticios y microorganismos en el lumen digestivo.
El sistema inmunitario intestinal se constituye con células epiteliales, linfocitos localizados dentro del epitelio, placas de Seller (cúmulos de tejido linfático que recubren las mucosas intestinales), lámina propia y folículos linfoides aislados.
El intestino experimenta cambios rápidos ante la composición de antígenos alimenticios y estos últimos se toleran por la barrera defensiva de la mucosa.
Por otra parte, en el epitelio de las vellosidades se encuentran mecanismos especializados en el transporte de antígenos.
El desarrollo de varias funciones intestinales, entre ellas el sistema inmunológico mucoso y la homeostasis (actividades coordinadas de los sistemas circulatorio, nervioso y endocrino que regulan la temperatura corporal), junto a la absorción de macromoléculas y la síntesis de aminoácidos y vitaminas son consecuencia de la acción de la microflora intestinal.
La flora normal también evita la colonización de microorganismos patogénicos. Por ejemplo, las bacterias de la mucosa cercan la unión de organismos patogénicos al ubicarse en las zonas de anclaje disponibles.
Los microorganismos intestinales varían bastante entre las personas y entre los diferentes segmentos intestinales de cada individuo, demostrando que la microflora se encuentra en evolución continua.
Hay bacterias más persistentes, mientras que otras se desenvuelven rápido; sin embargo, todas cambian considerablemente entre gente enferma y sana.
Por consiguiente, las interacciones de la flora intestinal con las bacterias enteropatogénicas son causa del desarrollo de muchas enfermedades inflamatorias del intestino.
Por otra parte, se puede lograr un balance correcto entre bacterias mediante el uso de probióticos (microorganismos vivos que se adicionan a un alimento, permaneciendo activos en el intestino).
Su suministro parece ser importante en la modulación de la microbiota intestinal siendo capaces de mejorar la función del hígado y páncreas gracias a distintos efectos en la cavidad abdominal.
A través de diferentes mecanismos de acción, los probióticos llegan a disminuir la liberación de endotoxinas o bloquean la absorción intestinal de algunas micotoxinas.
En ciertas situaciones, la correlación entre la enfermedad y un patógeno específico no es claramente demostrable, surgiendo una reacción exagerada en la microflora, es decir un desequilibrio entre las bacterias protectoras y las perjudiciales.
Un problema parecido puede derivar del uso de antibióticos cuando las terapias o estrategias de medicación se aplican incorrectamente.
Manipular la composición de flora entérica mediante la nutrición o el uso de probióticos, consigue consecuencias beneficiosas en términos de utilización de nutrientes, renovación epitelial y mucosa, desintoxicación de catabolitos bacterianos, y la producción continúa de células inmunológicas.
Fuente: Ramiro-Puig, F. J. Pérez-Cano, C. Castellote, A. Franch y M. Castell
Departamento de Fisiología. Facultad de Farmacia. Universidad de Barcelona