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En situaciones de estrés crónico, aumenta enormemente el proceso de inflamación cerebral en áreas implicadas en la enfermedad de Alzheimer, así lo ha demostrado un estudio del profesor español Alberto Machado, Ministro de Estado para el Desarrollo de la Inteligencia de Venezuela.
Por lo tanto, “el estrés es un factor más importante de lo que se piensa en cuanto a perjuicios neuronales, provocando la inflamación del cerebro que conlleva al daño, ha ratificado el doctor José Luis Venero de Badajoz, España, quien además reconoció que “el 80% de la población se encuentra estresada.
La activación de células microgliales en animales, con o sin estrés, aumentaron la respuesta inflamatoria del cerebro”, añadió.
Todo ello lleva a tasas de incidencia en enfermedades neurodegenerativas junto al envejecimiento poblacional.
Estos conceptos acaban de publicarse en un artículo en la prestigiosa revista Nature elaborado por el Instituto sueco Karolinska y el equipo que dirige Venero.
Todavía no se puede asegurar que una mayor actividad cerebral durante la tercera edad ofrece menos posibilidades de sufrir el Alzheimer.
“Sí es verdad – argumentó Venero- que el cerebro de una persona que ejecuta una actividad intelectual notable posee una capacidad plástica, que se traduce en una mejor capacidad de actuar en situaciones adversas, de modo que si se dañan sus sistemas neuronales, el paciente con ejercitación intelectual puede compensar los perjuicios.”
Las observaciones hasta la fecha se efectuaron en animales.
Más gente joven con Alzheimer o Parkinson
Uno de los grandes retos es el diagnóstico lo más precoz posible porque permitiría una reacción rápida ante ambas enfermedades. Al diagnosticarse tardíamente el grado de degeneración neuronal, éste es tan significante que poco o nada se puede hacer.
Venero explicó que se estudiaron mecanismos de señalización–detallados en Nature- que se vinculan a la inflamación cerebral con un componente nocivo para las neuronas.
La inflamación ejerce una alta influencia en la neurodegeneración porque puede conducir a una gran muerte cerebral, no solo en Parkinson y Alzheimer, sino también en esclerosis lateral amiotrófica (ataca las células motoras) o esclerosis múltiple (lesiona al cerebro, tronco encefálico y médula espinal; la mielina, la sustancia que recubre las fibras nerviosas resulta dañada; la habilidad de los nervios para conducir las órdenes del cerebro se interrumpe).
Lo fundamental, entonces, es saber qué mecanismos activan las células microgliales (las más pequeñas y dispersas en todo el sistema nervioso central) del cerebro que median en la inflamación cerebral.
Esas células del sistema nervioso eliminan restos de células muertas, pero también liberan sustancias que provocan inflamación cerebral y, eso, si se sobreactiva, crea un ambiente que induce a la muerte neuronal por efecto de caspasas.
Hasta ahora se sabía que unas enzimas llamadas caspasas (proteínas) estaban implicadas en la muerte celular programada, pero nunca se pensó que pudieran asociarse al proceso de activación de las microgliales, de modo que las vuelva neurotóxicas.
“Nuestro descubrimiento ha sido relacionar a las caspasas con la inflamación cerebral en procesos de muerte cerebral no programada.
Ahora tendremos que estudiar cómo inhibir esas enzimas y evitar que las células microgiales se sobreactiven y causen deceso cerebral “.
“Ya existen inhibidores de caspasas. El problema que se nos plantea es que son de naturaleza protéica y no tienen capacidad de traspasar el sistema nervioso central. Se trabaja en ello y creo que se logrará en un futuro no muy lejano”, destacó el doctor.
A medida que aumenta cada década la esperanza de vida, los casos de enfermedades neurodegenerativas se incrementan considerablemente. A principios de siglo, apenas se registraba el Alzheimer porque la gente moría joven.
Medicamentos para la memoria
Venero expresó su escepticismo sobre el efecto de medicamentos que ayudan a la memoria, dado que según él “actuar a nivel de centros de memoria no es nada fácil. En cambio, hay que aplicar el sentido común y un concepto de vida sana y cuerpo sano”.
Adultos de 90 años sin Alzheimer ni Parkinson
La ausencia de estas enfermedades se ve favorecida por un plus genético de primera clase, más el medio ambiente y los hábitos de vida...”Se nace con predisposición a no contraerlas, aunque insisto que el medio ambiente es determinante para que un sujeto padezca Alzheimer.”, recalcó Varano.