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Cuando una persona ve doble, sin haber tomado alcohol en exceso, y experimenta un cansancio muscular y fatiga generalizada en su cuerpo, sin que exista un motivo para ello, es posible que haya adquirido una enfermedad conocida como miastenia.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) define a la miastenia de la siguiente manera: es una enfermedad neuromuscular autoinmune, de origen desconocido, que se caracteriza por la debilidad y fatiga precoz de los músculos esqueléticos o voluntarios del cuerpo.
Los primeros síntomas, en la mayoría de los casos, se reflejan en los músculos de los ojos, ocasionando una doble visión o caída de los párpados.
Hay pacientes que en el comienzo de la enfermedad muestran fatiga con una debilidad anormal en las extremidades, principalmente en brazos, manos y dedos así como en piernas y cuello, cansancio agudo generalizado, imposibilidad de esfuerzos físicos, más cambios en la expresión facial, y/o dificultad para tragar comida y masticarla, además de inconvenientes para sonreír, hablar o respirar.
La miastenia suele verse como “única” en cada persona que la contrae, ya que se ven distintos grados y tipos de afectación, y si bien los pacientes comparten una sintomatología similar a los trastornos de orden neurológico y emocional, no es fácil arribar a un diagnóstico precoz.
Estos conceptos se extraen de declaraciones del doctor Antonio Guerrero Sola, coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Neuromusculares de la SEN.
“Pese a ser una de las enfermedades neuromusculares con mejor pronóstico, no deja de ser muy invalidante en algunas fases y perjudica seriamente la vida cotidiana.
Por eso es tan importante dedicar esfuerzos para mejorar el diagnóstico, la calidad asistencial y aplicar los tratamientos mas adecuados en cada situación específica”, destacó Guerrero Sola.
Ataca tanto a hombres como mujeres y a cualquier edad.
Se da una mayor incidencia en la edad reproductiva de las mujeres y en los hombres de mediana edad; no obstante, cada vez se hallan más enfermos en edades avanzadas.
Ninguno de los tratamientos vigentes brinda una cura, aunque casi la totalidad de los pacientes reanuda su vida normal si se tratan los síntomas. En muchas oportunidades, la atención médica continua ha logrado la remisión completa.