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En los últimos cinco años de la etapa de la edad adulta, se ha verificado que el hecho de dormir menos de seis horas, o más de ocho, acelera el declive cognitivo, llevando a un envejecimiento adelantado de cuatro a siete años.
Los cambios detectados responden a un estudio de la University College London, en Reino Unido, publicado en la revista 'Sleep'.
La investigación mostró que la duración del sueño del 7,4 de las mujeres y del 8,6 por ciento de los hombres -a quienes se les realizó un seguimiento- aumentó "entre siete y ocho horas por noche entre semana respecto a la línea basal”.
En comparación con la gente que no trastocó la duración del sueño, su prolongación se vinculó con menores puntuaciones: en cinco de seis evaluaciones sobre funciones cognitivas. La excepción fue el test de memoria verbal a corto plazo.
Alrededor del 25 por ciento de las mujeres y del 18 por ciento de los hombres investigados, dieron cuenta de una baja del sueño por noche de “entre seis, siete u ocho horas".
El sueño más corto perjudicó la capacidad de razonamiento, el vocabulario y el estatus cognitivo global. En tanto, un aumento en la duración del sueño de seis horas o menos, no demostró efectos beneficiosos.
Según Jane Ferrie, del Departamento de Epidemiología y Salud Pública de la Facultad de Medicina del University College London, conductora del estudio: "el principal resultado que se desprende es que los cambios negativos en la duración del sueño, parecen estar asociados con una función cognitiva empobrecida en la última etapa de la edad adulta de los individuos".
El trabajo investigativo también descubrió que , en las mujeres, dormir siete horas cada noche se relacionaba con las mayores puntuaciones en todos los análisis cognitivos, seguido de cerca por las que conciliaban el sueño seis horas cada noche.
Entre los hombres, la función cognitiva fue similar a los resultados que arrojó el sexo femenino, cuando igualmente durmieron seis, siete u ocho horas.
Sólo duraciones del sueño menores de seis horas, o mayores de ocho, dieron lugar a las peores puntuaciones.
Participaron en este estudio 5.431 personas --1.459 mujeres y 3.972 varones-- procedentes de la fase 5 (1997-1999) y de la fase 7 (2003-2004) del Estudio Whitehall II, que incluyó a más de 10.000 funcionarios de Londres, con edades entre los 35 y los 55 años de edad y que trabajaban en la administración en 1985.