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Los bebés que practican natación no solamente se divierten; también adquieren mejores habilidades motoras. Consiguen, además, un mejor equilibrio y coordinan más rápido que otros pares la toma de objetos.
Los beneficios podrían extenderse inclusive a los cinco años de edad, de acuerdo a un informe elaborado por la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega, quien sostuvo que este entrenamiento ejerce un efecto positivo más adelante en su vida.
El resultado se observa en “la interacción entre la madurez, el crecimiento, la experiencia y el aprendizaje”, apuntó la casa de estudios.
“Hemos demostrado que no debemos desestimar el aspecto del aprendizaje”, indicó Hermundur Sigmundsson, el autor principal.
La investigación se basó en la evaluación de dos grupos de bebés: uno que se había integrado a clases de natación y otro que no.
El resto de las características (como el nivel socioeconómico o la educación brindada por los padres) era igual en todos los niños.
Las conclusiones, publicadas en la revista Child Care Health and Development, resaltan que los bebés que aprendieron natación, durante dos horas por semana y desde los tres a los siete meses de edad, con la asistencia de un entrenador especializado, lograron en principio flotar y luego saltar desde el borde de la pileta y hacer equilibrio -sujetos a las manos de sus padres- para, finalmente, asir objetos que flotaban.
Al cumplir ambos grupos los cinco años de edad, se examinó su capacidad motora mediante ciertos ejercicios como caminar en puntas de pies, e intentar su equilibrio parados en una pierna.
“Se percibió muy claramente que los bebés que se integraron a clases de natación, a diferencia de los que no lo hicieron, obtuvieron óptimos resultados a favor del mantenimiento de su equilibrio y con una facilidad manifiesta para tomar objetos”, según los investigadores.