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Cuando llega la hora de dormir y apagar las luces, comienzan las quejas: "¡mamá, tengo miedo de la oscuridad!". Es que si bien son varios los adultos con miedo a la oscuridad, entre los niños el problema está muy extendido.
Los chicos empiezan a mostrar su temor, lloran, chantajean (¡con la luz apagada no me duermo!) y acaban con la paciencia de cualquiera que esté alrededor. Tal comportamiento implica atención y cuidados, pero no significa que algo esté mal con ellos. "Todos crecemos con miedo a lo desconocido; imagínese cómo ese miedo impacta sobre los chicos", explicó la psicóloga Liliane da Silva.
"En vez de reprender, los padres deberían enseñarle a los chicos cómo superar la incomodidad, distrayendo al niño y mostrándole que si hay personas de confianza alrededor, la oscuridad no encierra ningún peligro", dijo Da Silva.
En suma, los recelos infantiles no desaparecerán rápidamente, aunque con ayuda de los especialistas es posible que, de a poco, se alivien las preocupaciones y angustias de los más pequeños.
Para calmar a los niños más inquietos, muchos adultos recurren a figuras que causan miedo. Pero se trata de un recurso que termina asustando a los niños cuando están a solas. "Terminan imaginando personajes sombríos y salen corriendo atrás de los adultos en busca de protección", señaló la psicóloga.
Lo ideal es que antes de dormir se cuente a los niños una historia calma, sin personajes ni situaciones que los amedrentre.
Se trata de un jueguito que les da seguridad a los niños cuando deben toparse con la oscuridad. Esconder algún postre o juguete por la casa; dejar pistas en lugares estratégicos para que el niño logre llegar hasta el "tesoro". Toda la búsqueda se hace sólo con la ayuda de una linterna y el resto de las luces de la casa permanecen apagadas.
Es el juego perfecto para la hora de dormir: se apagan las luces de la habitación y sólo se deja una mínima lamparita o velador encendido. Con las manos, títeres o marionetas, se puede crear una historia de sombras que se proyecte en la pared; cambiar los argumentos de las historias, generar un ambiente de aventura.
La mínima luz puede quedar encendida al terminar el juego, para que si el niño se despierta no se asuste con la oscuridad absoluta de la noche.
Los adhesivos fosforescentes pegados en el techo adornan la habitación y distraen a los chicos a la hora de dormir. Con forma de estrellitas y planetas, los adhesivos son más que un detalle de decoración: rompen con esa sensación de aislamiento que sofoca y angustia a los niños cuando duemen solos en su habitación.
Para muchos puede parecer una tontería: un osito o una muñeca contribuyen a que muchos menores superen el terror que la oscuridad les infunde a la hora de dormir. Abrazados a sus juguetes, olvidan que están solos. "Muchos incluso inventan historias imaginarias y se duermen con mayor facilidad. Los padres que, por temor a criar hijos inseguros, evitan esa opción, pueden quedarse tranquilos: poco a poco el mismo chico va dejando atrás el hábito, sin bien es posible que después se conviertan en adultos que adoren dormir abrazados a la almohada", concluyó la psicóloga Da Silva.
Fuente : MinhaVida