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Los altos niveles de polución de las grandes ciudades y la contaminación de los motores diésel provocan que "las partículas se mantengan más en el aire", por lo que también "aumenta la concentración de polen", ocasionando las alergias oculares, indicó el director médico de la Clínica Baviera, Fernando Llovet.
"Los cambios bruscos de temperatura, que se traducen en la alternancia de episodios de frío y calor, así como el crecimiento medio de la temperatura, favorecen las épocas de sequía, que, a su vez, son más proclives a producir alergias", añadió Llovet.
“El agua se lleva los alérgenos y los deposita en el suelo. En las épocas de sequía el polen se concentra más en el aire".
Las alergias oculares afectan más a la población urbana que a la rural en una relación aproximada de dos a uno; es decir, que “afectan al doble de sujetos que viven en la ciudad”, explicó el experto.
Las alergias oculares son un proceso inflamatorio del ojo vinculado a la existencia de alérgenos, es decir, elementos que están en el ambiente o en otros materiales y que al ponerse en contacto con la visión, originan inflamación, escozor y picor.
En general, son procesos pasajeros, como el caso de la alergia al polen en primavera, clasificándose dentro de las denominadas “alergias estacionales”, en tanto, se mantienen alergias por contacto con un elemento alérgeno como el polvo.
Lo habitual es usar colirios antiinflamatorios y antihistamínicos, pero Llovet destacó la necesidad de "anticiparse a su surgimiento con una prevención activa basada en el empleo de vacunas.
"Es importante que la persona que sufre alergias oculares acuda al oftalmólogo y al alergólogo para que, ambos especialistas, pongan en marcha un estudio que permita adelantarse a la aparición de estas reacciones frente a los alérgenos, mediante el empleo de vacunas", insistió.
Otra fuente: Europa Press