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En el campo de las enfermedades degenerativas no se ha encontrado ningún tratamiento farmacológico para evitar o retrasar de manera eficaz el deterioro de diversas funciones cerebrales, que usualmente ocurre en el transcurso del envejecimiento.
Sucede además un hecho paradójico. La exitosa prevención y la cura de las enfermedades infecciosas y de los síndromes cardiovasculares y metabólicos dio lugar a un aumento en las expectativas de vida. Esto ha ido de la mano con un incremento en la proporción de habitantes de edad avanzada, que tienen mayor riesgo de desarrollar afecciones asociadas con el envejecimiento cerebral.
Entre los trastornos degenerativos del sistema nervioso relacionados con el envejecimiento, la enfermedad de Parkinson ocupa el segundo lugar en frecuencia.
Una comunicación del Comité para Identificar Agentes Neuroprotectores de la Enfermedad de Parkinson, auspiciada por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos de Norteamérica, realizó una evaluación sistemática de 59 sustancias propuestas por científicos y médicos clínicos, calificando cada compuesto según varios criterios.
Al final, seleccionaron 12 compuestos que a juicio del comité reunían evidencias suficientes para que se siguiera investigando su potencial neuroprotector en ensayos clínicos.
Uno de los compuestos hallados en 2003 fue la cafeína. En fecha reciente, un panel de neurólogos de España especialistas en la enfermedad de Parkinson ratificó que, a la luz de los conocimientos actuales, la cafeína es uno de los fármacos que tienen potencial neuroprotector.
Además, aparecieron nuevas evidencias epidemiológicas que indican que el consumo de dosis moderadas de cafeína se vincula con una disminución en el riesgo de contraer Parkinson.
Los estudios epidemiológicos concuerdan en que el consumo prolongado de dosis moderadas de cafeína disminuye el riesgo de padecer Parkinson, particularmente en los varones y en las mujeres con menopausia que no reciben terapia de reemplazo con estrógenos.
Por su parte, los resultados experimentales en modelos animales de neurotoxicidad aguda y en animales sanos tratados crónicamente con cafeína, se relacionan con los hallazgos epidemiológicos, lo que refuerza la hipótesis de que la cafeína ejerce algún tipo de efecto protector sobre las neuronas dopaminérgicas.
No obstante, los científicos destacan que hace falta seguir buscando fármacos neuroprotectores.
Pero mientras eso ocurre, algunos especialistas se preguntan si estaría justificado recomendar el consumo diario de dosis bajas de cafeína (1-3 mg/kg/día) como un tratamiento preventivo del Parkinson. Porque, aunque la cafeína no está libre de efectos adversos, por lo general son escasos cuando se consumen dosis no mayores a 3 mg/kg, lo que equivalen a dos o tres tacitas de café al día.
Hasta el momento, según la opinión de algunos expertos, en tanto se logre el ideal de encontrar un fármaco neuroprotector potente, la cafeína sería una opción aceptable que podría contribuir a reducir la incidencia de esta enfermedad, especialmente, si se combina con ejercicio físico continuo y moderado, una dieta sana y manejo del estrés.
Sus síntomas característicos son la rigidez muscular asociada con lentitud de los movimientos, la aparición de temblor en las extremidades, y una gran dificultad para mantener el equilibrio y la postura erguida.
En conjunto, los síntomas dificultan la iniciación y la ejecución de los movimientos voluntarios más simples.
Aunque en las etapas finales del Parkinson los afectados pueden generar demencia, al inicio de la enfermedad la mayoría conserva intacta la capacidad de razonamiento. Por eso, resulta muy frustrante no poder moverse para realizar actividades rutinarias, como vestirse, comer o caminar libremente de un lado a otro.
Este Mal es de inicio insidioso y progresivo, que hoy lamentablemente culmina con la discapacidad. Quien la sufre termina volviéndose dependiente de parientes y amigos, generando un gran estrés en su círculo familiar y social.
Aunque se han desarrollado una amplia gama de tratamientos farmacológicos para el Parkinson, sólo son paliativos, pues con el paso del tiempo pierden su eficacia.
Además, dan lugar a numerosos efectos adversos que disminuyen la calidad de vida, lo que en muchas ocasiones obliga a suspender el tratamiento.
Fuente: Ricardo Gómez Vecchio/ NOVA