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Dentro de las fobias que se están conociendo en los últimos años, se halla la fobia a conducir, denominada amaxofobia.
La sociedad no es consciente de la importancia y la extensión de este trastorno y los conductores no están dispuestos a reconocerla.
No es fácil contarle a los demás que se tiene pavor a manejar un vehículo. Se suceden temblores, taquicardias, sudores, dolor de estómago; incluso, se dan casos de personas que han tenido que parar el vehículo al sentir una sensación de descontrol.
Es uno de los más frecuentes trastornos de ansiedad que presenta el ser humano actual. Es un temor irracional, exagerado, ante determinado objeto que normalmente no produce este tipo de respuestas.
Es un factor de deterioro de la calidad de vida y se convierte en un verdadero inconveniente que paraliza.
Se calcula que un 10% de la población padece esta problemática. Hace falta un buen diagnóstico y un buen tratamiento.
En general afecta entre los 30 y 40 años. Algunas personas comenzaron a experimentar la fobia después de varios años sin manejar.
Los hombres suelen ser más reacios a admitir el trastorno. Entonces, transforman su miedo en agresividad, y si van asustados al volante, culpan a los demás de sus fallos y se pelean con otros conductores.
Los accidentes de tráfico, las malas experiencias, o los largos periodos sin conducir, son factibles de originar esta fobia, que se constituye en un temor extendido y que pocas personas reconocen como tal.
Se precisa la ayuda profesional, especialmente cuando el miedo deriva en un accidente de tráfico y provoca un trauma psicológico.
La familia debe tratar de ser no crítica, comprensiva y dotada de una cuota de paciencia, aunque no entienda el problema.
Muchos pacientes no toman la fobia en serio, aún siendo real.
Si alguien ve a un conductor que no se anima a pasar a otro auto o camión, que frena excesivamente o que va a menor velocidad de la mínima permitida en una autopista, no le haga señales de luces, no le “tire el auto encima”, no lo increpe, ya que se trata de un enfermo que ante una actitud intimidatoria se expone al riesgo de un accidente.
Fuente: Dr. Gustavo Bustamante, Vice- presidente de Fundación Fobia Club, Argentina