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Si no existe un previo diagnóstico de inflamación intestinal, los alimentos congelados no provocan la enfermedad de Crohn o una colitis ulcerosa, conforme lo indicó el Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, entidad que realizó una exposición hace pocos días atrás en la 'Semana de las Enfermedades Digestivas', cumplida en Sevilla.
Los investigadores españoles descartaron que los alimentos congelados influyan - y con importancia- en el desarrollo de las patologías digestivas citadas, contraponiéndose con la hipótesis de que la cadena de frío es un factor desencadenante de la enfermedad inflamatoria intestinal.
El estudio partió de la creencia de que el vínculo causal de los factores medioambientales en la aparición de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) "no es bien conocida".
Al igual, dejó de lado otras hipótesis que sugerían que la ingesta de productos congelados "podría vincularse con la aparición de la EII, especialmente de la enfermedad de Crohn (EC)".
Implica una inflamación crónica del tracto gastrointestinal. La inflamación también puede ocurrir en cualquier parte del cuepo: desde la boca hasta el extremo del ano.
Existen cinco tipos diferentes de esta afección:
Los investigadores se detuvieron en el análisis sobre el grado de influencia de la ingesta de “congelados” y los potenciales peligros. Evaluaron pacientes mayores de 18 años, que ya reunían un riesgo prospectivo y un diagnóstico de enfermedad de EC o colitis ulcerosa que provenían de sus últimos ocho años de vida .
Se inflama el colon (intestino grueso) y el recto. Esta colitis (CU) se caracteriza por la inflamación y ulceración de la pared interior del colon. Los síntomas típicos incluyen diarrea (algunas veces con sangre) y con frecuencia dolor abdominal.
Para el control, incluyeron personas sanas, teniendo en cuenta su edad, sexo y nivel socioeconómico; al mismo tiempo, participó gente sin historial familiar de EII.
Se detuvieron en la observación de hábitos diabéticos, previos al diagnóstico de EII, más la frecuencia de ingesta de alimentos congelados de origen doméstico o industrial en cada individuo, identificando el acostumbramiento en el consumo de estos productos y el número de raciones según días, semana o mes.
En total, formaron parte de la evaluación 242 pacientes diagnosticados de EII, de los cuáles 105 tenían EC y 137 CU.
De acuerdo a los sexos, 124 fueron mujeres y el resto hombres, con una edad media de 39 años y una horquilla que abarcó de 18 a los 77 años.
Entre los principales resultados, se destacó que el consumo de “congelados” se dio con mayor alcance en los pacientes diagnosticados de patología inflamatoria intestinal y en los del grupo control.
Pero no se hallaron distinciones en ambos grupos, sin notarse una influencia negativa o cambios desfavorables por las diferencias entre los procesos de congelación doméstico e industrial.
Los autores de este estudio concluyeron que la ingesta de congelados antes del diagnóstico de EII "no parece desempeñar un papel en el desarrollo de EC o CU", por lo que concluyeron, a la vista de sus resultados, que los mismos "no avalan la hipótesis etiopatogénica de la cadena del frío en la enfermedad inflamatoria intestinal".
Otras fuentes consultadas:
GEDII - Grupo de Estudo da Doença Inflamatória Intestinal (Portugal)