informaciones sobre salud actualizadas en el ámbito argentino e internacional más polìtica vinculada a la salud en la Argentina salud
Los chicos de escasa edad que participaron en un programa que propulsó la interacción y el juego con sus madres, lograron –en la adultez- coeficientes intelectuales (CI) más altos, junto con logros educativos y menos participación en actos violentos, en comparación con quienes no recibieron una estimulación temprana.
Estos resultados responden a una investigación actual que amplió información, tras partir de un cuarto seguimiento de varios estudios que provienen de 20 años atrás.
"Lo más interesante fue la reducción en el tiempo de las conductas violentas, algo que no habíamos demostrado antes", dijo la doctora Susan Walker, autora principal de esta última investigación respecto a la temática y que también se desempeña como profesora de la Universidad de las Antillas, en Jamaica.
El equipo de Walter, en la década de1980, evaluó a 129 bebés jamaiquinos con retraso del crecimiento que vivían en una zona pobre.
Los estudios dividieron a los chicos en cuatro grupos: uno recibió un programa; otro contó con una fórmula enriquecida y al tercero se le aplicaron ambas intervenciones.
En tanto, el cuarto grupo creció sin estas ayudas (grupo de control).
El programa de estimulación incluyó la visita semanal de una mujer que le enseñó a las madres a jugar con sus bebés y a hacerlos participar en las actividades diarias. Además, cada semana, le dejaba juguetes y libros.
A los niños tratados con fórmula, se les entregaba cada siete días un kilo de leche para preparar poco menos de 7,5 litros.
Los chicos crecieron, llegaron a los 22 años, y obtuvieron un coeficiente intelectual mayor de seis puntos, en relación con los que no mantuvieron interacción.
.
"Es un avance importante para algo que ocurrió en la infancia", dijo Walter a Reuters Health.
Los participantes estimulados resultaron un 65 por ciento menos inclinados a participar en peleas y delitos violentos, mientras que rindieron mejor en las pruebas de matemática y lectura.
El grupo que no obtuvo formulas de mejoramiento en sus primeros años de vida, no mejoró en evaluaciones efectuadas 20 años después, comparado con los niños del grupo de control.
Sin ninguna intervención de especialistas, no disminuyó el consumo de alcohol y/o cigarrillos; tampoco bajó la cifra de embarazo adolescente, ni se amplió la educación formal más allá del secundario. Y los participantes conservaron una contextura más pequeña que sus pares, quizás como resultado de una malnutrición infantil.
Respecto a los jóvenes citados en el párrafo precedente, Walter añadió que la interacción madre-hijo hubiese logrado jóvenes con autoestima elevada y un mejor rendimiento escolar .
El doctor Benard Dreyer, profesor de pediatría de la Escuela de Medicina de la New York University y que no participó del estudio publicado en la revista Pediatrics, opinó que los resultados demuestran que los beneficios de la estimulación temprana se mantienen por años, mientras se concretan en gran escala.
Para Dreyer, las intervenciones semanales en el hogar serían menos costosas que el cuidado diurno, otra experiencia probada de ayuda para el desarrollo de niños pobres.
Walter, por su parte, sugirió que la intervención temprana con niños sin condiciones adecuadas de nutrición y estimulación debería ser parte de la atención pediátrica habitual, como las vacunas.
"En ese contexto, en el que faltan juguetes e interacción con el lenguaje, todo lo que se haga para mejorar la calidad de la interacción madre-hijo y el juego es tremendamente importante", finalizó Walker.
FUENTE: Pediatrics