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Existe un “interruptor genético” que induce al consumo de alimentos ricos en grasas y a la ingesta de bebidas alcohólicas, de acuerdo a una investigación de la Universidad de Aberdeen, en Escocia, la que analizó el ADN de europeos.
El estudio que se publicó en el Journal of Neuropsychopharmacology indicó que “la sustancia llamada galanina es la causante de voraces inclinaciones occidentales ante la mesa”.
Se trata de un neuropéptido, que actúa en el hipotálamo, en el centro del apetito, siendo el que induce a consumir compulsivamente alimentos grasos y alcohol.
Alasdair Mackenzie, líder del equipo de investigación, explicó que la galanina "es producida en un área del cerebro que controla el miedo y la ansiedad. Los cambios en los niveles de la sustancia afectan al estado emocional del individuo".
En los europeos, la galanina funciona en demasía en comparación con habitantes de otros continentes, como los asiáticos, quienes en su ADN muestran una menor presencia de la sustancia.
Para Mackenzie, esta singularidad tendría una razón prehistórica. “Durante largos inviernos, los sujetos con interruptor débil no habrían sobrevivido en Europa tan bien como los de interruptor fuerte".
En los periodos de carencias y frío, la gente sobrevivió con alimentos ricos en grasas y bebidas elaboradas, demostrando que esta tendencia genética favoreció su supervivencia.
No obstante, Mackenzie advirtió que el ambiente es fundamental en la conducta alimenticia. La adaptación a la cultura europea de los asiáticos, por ejemplo, llevó a la adquisición de hábitos alimentarios y problemas propios de los europeos.
Para el doctor Scott Davidson, descubridor del "interruptor", el hallazgo ayudará en un futuro a "identificar potenciales medicamentos que podrán ser usados para desarrollar una nueva generación de antidepresivos, así como otros que reduzcan el ansia por la comida grasosa y el alcohol".