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La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos prohibió el uso residencial del insecticida clorpirifós, lo cual ha dado lugar a un informe de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados de la Argentina que exige su eliminación inmediata del mercado, que deje de importarse, y se proceda a la reclasificación de los agroquímicos.
El pedido de la Red toma como fuente los datos aportados por el profesor Oscar Scremin, quien se desempeña en el School of Medicine, UCLA de Estados Unidos, y en la entidad de investigación argentina denominada Conicet.
El pediatra y neonatólogo Medardo Avila Vázquez, coordinador de Médicos de Pueblos Fumigados, reveló que en la Aduana de Buenos Aires “en 2010 ingresaron 8.650.000 de litros/kilos de este tóxico, un incremento de más del cien por ciento con respecto a 2006”.
De este modo las dosis suman 2.633.500.635 las dosis, es decir, más de 60 veces la población de Argentina.
“Estas cantidades circulan por nuestras rutas, se almacenan en lugares que no conocemos, quizás en centros urbanos, se fraccionan e incorporan a formulaciones varias en establecimientos a lo largo y a lo ancho del país y se distribuyen y dispersan en el ambiente por aplicaciones terrestres y aéreas”, advirtió.
“Existen como residuos en los alimentos y en el agua al contaminar vegetales, peces, aves y demás animales que se consumen en las mesas de los argentinos”, añadió.
El clorpirifós atenta contra el neuro-desarrollo humano de los niños y cerca de tres millones de menores viven en situación de riesgo ambiental.
El sistema de producción agroindustrial requiere la incorporación cada vez mayor de este tóxico (ampliamente conocido como tal) para asegurar sus propios beneficios comerciales, sin considerar los derechos a la salud y al ambiente sano de la población.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, a través de Carol Browner, especificó que clorpirifós es un viejo y riesgoso pesticida con más de 50 años de uso. Cuando en ese país se habló de su prohibición en el uso residencial urbano, los científicos se basaron en la evidencia del potencial riesgo en los menores, por lo que inculcaron la necesidad de protegerlos de la exposición a este químico.
Este año la Universidad de Columbia reconoció que ““el cociente intelectual de niños expuestos a clorpirifós -en el período pre-natal- está reducido en relación directa a los niveles del plaguicida en la sangre del cordón umbilical al momento del nacimiento”.
La Red Universitaria de la Argentina hizo notar que se precisa su prohibición total en cualquier ambiente, urbano o rural.
Este plaguicida produce la inhibición de la enzima acetilcolinesterasa que es la causa de su toxicidad aguda.
“Este ejemplo de efecto de dosis sub-letales disponible en la literatura reciente justifica la necesidad de re-clasificar el plaguicida y otros de la misma clase química y toxicológica que se utilizan masivamente en Argentina (por ejemplo metamidofós)”, concluye el informe de la Red.