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Es un trastorno alimentario y de desorden emocional, más común en hombres, caracterizado por la preocupación obsesiva por el físico.
La persona que lo padece siempre se ve a sí misma con carencia de tonicidad y musculatura; puede sentir una necesidad obsesiva de realizar ejercicio físico (como levantar pesas) para mejorar su aspecto corporal, haciéndolo de forma compulsiva, con lo que llega a adquirir una musculatura no acorde con la talla.
Este trastorno psíquico asocia belleza con aumento de masa muscular. Los pacientes dedican su tiempo al mayor esfuerzo posible por aumentar su musculatura.
Es entonces cuando aparece el consumo de anabolizantes o esteroides. Por ello, crece el riesgo de padecer lesiones y enfermedades: atrofia del músculo cardíaco, disfunción eréctil, infertilidad y cáncer de próstata, entre muchas otras.
Está la persona que se exige en extremo en una actividad deportiva, o la que come compulsivamente para subir de peso y no verse flaca y sin musculatura.
Los vigoréxicos que apelan a un ejercicio físico hasta la extenuación, sufren de una adicción a la actividad física para lograr un desarrollo muscular mayor de lo normal; de lo contrario, se sienten débiles, enclenques, esqueléticos.
A esta exigencia se suma una dieta poco equilibrada en donde la cantidad de proteínas y carbohidratos es ingerida en demasía, mientras que la cantidad de lípidos se reduce, ocasionando alteraciones metabólicas importantes.
El vigoréxico consume esteroides que producen cambios de humor repentinos.
Con estas sustancias no se obtiene ningún beneficio, ya que provocan muchos trastornos en el organismo como masculinización e irregularidades del ciclo menstrual en las mujeres, acné, problemas cardíacos, atrofia testicular, disminución de la formación de espermatozoides y retención de líquidos, entre otros. Estas drogas no aumentan la fuerza muscular, la agilidad ni la resistencia.
La vigorexia ha aumentado en su frecuencia de aparición (ahora la proporción es cuatro de cada diez mil personas). Comienza con una simple idea de subir de peso y puede resultar mortal.
La baja autoestima, convulsiones, mareos, dolores de cabeza y taquicardias son síntomas de este desorden. Es más mortal que la anorexia (el paciente se niega a comer y utiliza laxantes) y la bulimia (come en abundancia, vómitos inducidos, periodos de ayuno), debido a que el cuerpo humano sólo puede soportar un período máximo de seis meses con este padecimiento.
El individuo puede aislarse social y laboralmente por los trastornos emocionales que sufre. Aunque ésta es una enfermedad muy similar a la anorexia, también se dan un número de diferencias muy importantes:
Los factores socioculturales (el culto al cuerpo) poseen un papel importante; sin no obstante, hay ciertas alteraciones en los neurotransmisores cerebrales relacionados con estas patologías.
El tratamiento debe ser psicológico; corresponde el intento de cambiar la conducta de la persona, su autoestima y su pánico a un fracaso.
La mejor medida para evitar la vigorexia, como la anorexia y la bulimia, es la prevención, teniendo en cuenta la obsesión por poseer el mejor físico ante la sociedad.
Si bien se ha comprobado la existencia de trastornos en los niveles de diversas hormonas y mediadores presentes en la transmisión nerviosa en el sistema nervioso central, los principales factores desencadenantes involucrados son de tipo cultural, social y educativo, a los que los pacientes están expuestos continuamente. Por ello, el tratamiento debe enfocarse a modificar la conducta y la perspectiva que tienen sobre su cuerpo.
La ayuda de familiares y/o amigos es primordial, pues debido a la vergüenza de su enfermedad, los pacientes evitan ir a especialistas.
La enfermedad puede ser mortal. Una de sus complicaciones es la atrofia del músculo cardiaco, debido a la falta de sangre por su aumento de tamaño.
La obsesión por el cuerpo los induce a pasar más de ocho horas diarias en el gimnasio y a consumir productos anabólicos y suplementos alimenticios sin control.
El entorno afectivo cumple una función muy importante en su recuperación, al brindarle apoyo cuando intentan disminuir su programa de ejercicios a rutinas más razonables. Es necesario disminuir el entusiasmo y la ansiedad por la práctica deportiva intensa, logrando que se interesen por otras actividades menos nocivas para su cuerpo.
Fuente: Baile, JI (2005). Vigorexia ¿cómo reconocerla y evitarla?. Madrid: Editorial Síntesis.