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Cuando la gente se vuelve más activa, reduce el riesgo de padecer afecciones cardíacas, algunos tipos de cáncer y diabetes, a la vez que controla mejor su peso, incrementa su resistencia para trabajos físicos y potencia sus músculos y sus huesos. A un progreso en la calidad de vida, se suma la salud psicológica.
Un nivel moderadamente alto de ejercicios aeróbicos disminuye las posibilidades de contraer enfermedades cardíacas graves o morir por su causa.
Caminar, andar en bicicleta con regularidad o realizar cuatro horas a la semana de ejercicio físico, reducen las probabilidades de afecciones en el corazón.
También las actividades físicas recuperan a los pacientes de enfermedades cardíacas, con programas de rehabilitación.
El ejercicio no sólo evita el aumento de peso, sobre todo teniendo en cuenta a las personas de mediana edad, sino que combinado con una dieta
hipocalórica supera la composición corporal, conserva el tejido muscular y
quita la grasa abdominal que se acumula en el estómago y el pecho, situaciones asociadas a diabetes y a afecciones cardíacas.
Además, quienes ejecutan regularmente ejercicios tienen la posibilidad de mantener la pérdida de peso a largo plazo.
Se ha comprobado que las personas obesas que logran mantenerse activas, disminuyen el riesgo de lesiones cardiacas y diabetes, hasta niveles parecidos a aquellas no obesas.
Una manera de retrasar y prevenir la intolerancia a la glucosa, lo constituye la actividad física, al tiempo que beneficia a los que ya sufren diabetes.
Andar en bicicleta, tres veces a la semana, por el término de 30 a 40 minutos, supone significativas mejorías en el control glucémico.
Parece ser que mantenerse activo baja el riesgo de contraer ciertos tipos de cáncer, por ejemplo de colon o rectal en un 40/50%.
Beneficia el ejercicio cuando enfermedades y desórdenes afectan los músculos y los huesos. El deporte fortalece músculos, tendones y ligamentos, a la vez que densifica la masa ósea.
Hay programas especiales para adultos mayores, con el fin de afirmar la resistencia muscular y lograr el equilibrio que evita caídas.
La actividad física es eficaz para prevenir dolores lumbares y reduce la reincidencia de problemas de espalda.
Asimismo, caminar disminuye dolores, rigidez y discapacidad, mientras que favorece la resistencia, la movilidad y la calidad de vida en general.
El deporte (moderado o intenso que cargue con el peso del cuerpo) incrementa la densidad mineral y el tamaño de los huesos en adolescentes,
ayuda a conservarla en los adultos y ralentiza su descenso en los ancianos.
Los ejercicios bajan la depresión clínica y hasta el riesgo de reapariciones. Acrecienta la salud psicológica en quienes no padecen alteraciones mentales, contribuyendo a un mejor ánimo, emotividad, auto percepción del propio cuerpo y autoestima.
El entrenamiento deportivo continuado restablece a la persona en relación a la a la ansiedad y el estrés, la calidad y cantidad de sueño, la planificación, la memoria a corto plazo y la toma de decisiones.
Respecto a los mayores, baja el riesgo de demencia y su correlación con el Alzheimer.
Fuente: Ricardo Gustavo Gentille, personal trainer argentino.