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Habrá más de un millón de personas dementes en Gran Bretaña en 2025, en su mayoría ancianos afectados por el Mal de Alzheimer. En la actualidad la economía del país destina para la atención de estos enfermos unas 23.000 millones de libras (37.000 millones de dólares) por año, más que el cáncer y las afecciones cardíacas juntas.
Se trata de un aspecto de la realidad que deberá sobrellevar el mundo por el aumento de ancianos en las naciones.
Los datos provienen de un estudio encargado por el Fondo de Investigación del Alzheimer (ART), realizado por un equipo de la Universidad de Oxford, que halló un costo superior al esperado.
La demencia recibe sólo una fracción de los fondos orientados a otras enfermedades importantes.
"La crisis de demencia en el Reino Unido es peor de lo que pensábamos. Este reporte muestra que (...) es el mayor desafío médico del siglo XXI", indicó Rebecca Wood, presidenta ejecutiva de ART, en un comunicado.
Wood pidió más fondos para la investigación de la enfermedad, que genera la pérdida de la función cerebral y lesiona la memoria de los adultos mayores y su capacidad de entender las cosas y cuidarse a sí mismos.
"Si gastáramos una suma más proporcionada en la investigación de la demencia, podríamos utilizar todo el potencial de nuestros científicos en la búsqueda de una cura. Aplicar millones ahora nos evitaría pagar costos multimillonarios de salud en el futuro", señaló.
El Alzheimer es la forma más común de demencia, y la organización Alzheimer's Disease International informó que unos 35 millones de personas en todo el mundo sufren este desorden.
Se prevé que el número anual de casos se duplicará cada 20 años, a 66 millones en 2030 y más de 115 millones en el 2050. A su vez, el costo de lidiar con la enfermedad subirá drásticamente en las próximas décadas a medida que se acreciente el envejecimiento poblacional.
En cuanto a Gran Bretaña, existen 822.000 personas dementes por este Mal.
El gasto para investigación y tratamiento del Alzheimer por año no se equipara con el que se invierte para el cáncer – que suma 590 millones- y los problemas coronarios que reciben 169 millones.
Alastair Gray, autor del reporte y profesor de economía de la salud de la Universidad de Oxford, dijo que las discrepancias entre los fondos disponibles para la demencia y para otras enfermedades se reflejaban en las percepciones públicas acerca de la demencia senil.
"Muchos de nosotros conocemos gente que tuvo cáncer o enfermedad cardíaca, fue tratada exitosamente y sobrevivió, por eso existe la percepción de que se puede hacer algo", sostuvo.
"En cambio, no hay cura para la demencia (...) por eso también puede haber una sensación de inevitabilidad en torno a la enfermedad. Más allá de la falta de un tratamiento efectivo, existen todos los argumentos para dedicar más esfuerzos, y no menos, a la investigación", concluyó.