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Los traumas psicológicos son a menudo malinterpretados cuando son de especial relevancia en la actualidad, precisó David Puchol Esparza Psicólogo de la Universidad de Valencia, España.
Se requiere un abordaje multidimensional y complejo, y en no pocas ocasiones de una intervención psicosocial en múltiples niveles, afirmó.
El mundo conoce bien el poder de destrucción originado por catástrofes naturales como temporales, huracanes, terremotos, sismos, más la miseria producida por el terrorismo, la violencia, la guerra o la delincuencia.
En los últimos 25 años, más de 150 millones de personas anualmente han sido afectados directamente por este tipo de desastres y acontecimientos traumáticos.
Los efectos físicos de un desastre son evidentes. Cientos o miles de personas pierden sus vidas o son gravemente heridos. Los supervivientes pueden llegar a arrastrar las consecuencias durante toda su vida. Dolor y sufrimiento se distribuyen en partes iguales.
Los efectos emocionales –miedo, ansiedad, estrés, ira, rabia, resentimiento o bloqueo emocional- de los desastres son también obvios. Para ciertas víctimas, estas circunstancias se mitigan e incluso desaparecen con el tiempo.
Sin embargo, para otras muchas, las secuelas son a largo plazo y alcanzan la condición de crónicas.
Existen muchos traumas psicológicos, que según el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III) los categoriza como trastornos de ansiedad persistente, hipervigilancia y conductas de evitación fóbica.
Los eventos traumáticos son, en su mayoría inesperados e incontrolables y golpean de manera intensa la sensación de seguridad y auto-confianza del individuo, provocándole intensas reacciones de vulnerabilidad y temor hacia el entorno.
Ejemplos de este tipo de circunstancias son las siguientes:
- Accidentes.
- Desastres naturales como huracanes, terremotos o inundaciones.
- Inesperada muerte familiar.
- Asaltos /delitos / violaciones.
- Abusos físicos/sexuales infancia.
- Torturas / secuestros / actos terroristas.
- Experiencias de combate.
Otras formas de estrés severo, que llega en algunos casos a tornarse inmanejable para la persona, la afectan seriamente y sus detonantes son la pérdida del puesto de trabajo, divorcio, fracaso escolar, entre otras.
Es importante destacar, que a pesar de la heterogeneidad de los sucesos traumáticos, los individuos que directa o indirectamente han experimentado este tipo de hechos muestran un perfil psicopatológico que en algunas situaciones se presenta con depresión y trastorno de ansiedad generalizada: “una aprehensión sin una causa aparente.”, es patológica si no existe una amenaza inmediata a la seguridad o el bienestar, aunque la amenaza se sufra como algo real.
Quien sufre de ataques de pánico, suele sentirse muy hipersensible y vulnerable y se paraliza ante la sensación del temor, mientras que los fóbicos reúnen síntomas de tipo depresivo, miedo extremo, severo, persistente, no quieren salir o alejarse del hogar, o necesitan hacerlo acompañados por una persona muy cercana a sus afectos, por ejemplo un familiar. Se agregan abusos de sustancias.
1. Re-experimentación del evento traumático
Flashbacks. Sentimientos y sensaciones asociadas por el sujeto a la situación traumática.
Pesadillas .El evento u otras imágenes asociadas al mismo recurren frecuentemente en sueños.
Reacciones físicas y emocionales desproporcionadas antes acontecimientos asociados a la situación traumática .
.Incremento de la activación de lo que causó el dolor.
Dificultades para conciliar el sueño / Hipervigilancia
Problemas de concentración
Irratibilidad / impulsividad / agresividad
Intensa huida /rechazo del sujeto a situaciones, lugares, pensamientos, sensaciones o conversaciones relacionadas con el evento traumático.
Pérdida de intereses.
- Bloqueo emocional / Aislamiento social
La detección y reconocimiento del estrés asociado a traumas psicológicos es el primer paso para el individuo en su camino para su total recuperación e integración social.
El tratamiento a través de profesionales con la debida cualificación y experiencia se constituye como el factor crucial, junto a la propia actitud y predisposición del paciente, para ayudar a la víctima a afrontar la tragedia y continuar con su vida de forma satisfactoria.