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La curación de la herida y el tratamiento de la pérdida de tejido transcurren en fases que no se desvinculan unas de otras y conllevan una complejidad de procedimiento.
Su tratamiento es con frecuencia prolongado y en muchos casos resulta difícil apreciar su evolución.
No existe un tratamiento único y efectivo. La cura local tiene una característica de provisionalidad y siempre debe ir acompañada de la corrección de la patología de base.
Si surge una reacción adversa, el equipo clínico debe recurrir a una consulta especializada.
Se coloca al paciente en decúbito, lo que favorece el retorno venoso y disminuye el edema; salvo en el caso de úlcera isquémica, sensible a la infección con costra necrótica seca y con dolor que requiere reposo importante; entonces, se deja la pierna pendulante, para aumentar el riego arterial y paliar el dolor. Lo ideal es tratar el dolor antes de trabajar la úlcera.
Es muy necesario mantener bien limpia e hidratada la piel lesionada, los pies y las piernas, con vaselina tradicional o una emulsión, evitando antisépticos agresivos porque resecan la piel.
La úlcera isquémica indica un mal pronóstico, e indicativo de una patología arterial obstructiva avanzada.
El excesivo consumo de cigarrillos y la diabetes son los principales desencadenantes de estas patologías.
Suelen ser muy dolorosas y con gran tendencia a infectarse.
Sobreinfección: agrandamiento de la lesión.
Necrosis.
Incremento del dolor en reposo.
Fiebre.
Sin una revascularización que restaure la circulación arterial, las posibilidades de curación son mínimas, aumentando las de amputación.
Mejorar el estado general del enfermo, controlando patologías concomitantes como la diabetes o la hipertensión.
Tratar activamente el dolor.
Reposo de la pierna afectada.
Evitar en lo posible el pendular del miembro en la cama para evitar el edema.
No usar vendajes compresivos.
Elevar unos quince grados la cabecera de la cama.
Dieta adecuada.
Abandonar el tabaco.
Medicación vasodilatadora.
Administrar analgésicos prescriptos.
Lavar el pie con agua y jabón.
Limpiar la úlcera con suero fisiológico suavemente, eliminando todo resto de exudado.
En necrosis secas de tejido a revascularizar, se aplica un antiséptico para evitar posibilidad de amputación. El objetivo es reconducir la necrosis húmeda en secas.
Tratar signos de infección local o celulitis.
Según la situación de la úlcera, se indican hidrogeles, alginatos, hidrofibras de hcl o apósitos de plata.
El uso de la terapia con oxígeno hiperbárico es una alternativa avalada por algunos estudios de investigación
Suprimir alcohol y tabaco.
Tratar patologías concomitantes (HTA, diabetes)
Mantener un ambiente aséptico para favorecer la cicatrización; cuando el pronóstico no es bueno hay que amputar.
Procedimientos angioplásticos/quirúrgicos.
Zapatos ortopédicos
Cuidados de los pies
Las úlceras por hipertensión venosa constituyen un porcentaje entre el 75% y el 90% de entre el total de las vasculares. Por su alta incidencia (entre el 2% y el 3% de la población) son sumamente importantes los servicios de enfermería.
La cronicidad y la recidiva son sus características clínicas más relevantes, hace que la mitad permanezcan abiertas por encima de los nueve meses; un 20% hasta los dos años, y un 10% hasta los cinco.
Ulceras muy extensas, por encima de los 10 o 12 cm., con gran pérdida de sustancia.
Presencia de edema importante.
Signos de infección regional, linfangitis (infección de los canales linfáticos) o celulitis.
Dolor excesivo.
Factores de riesgo y si el dolor existe.
Insistir en las medidas posturales, hacer reposo varias horas al día con los miembros elevados, dar paseos diarios, o no permanecer demasiado tiempo de pie sin moverse.
Primordial: el uso de la contención elástica, aún con ulceras activas, para favorecer el retorno venoso.
Administrar analgésicos prescritos.
Retirar con suavidad los vendajes, humedeciéndolos previamente si son de gasa.
Limpiar la úlcera con suero fisiológico.
Promover la eliminación de tejidos necróticos con desbridamiento quirúrgico (eliminación del tejido muerto, dañado o infectado), enzimático o autolítico (sección).
Si hay signos de infección, tomar cultivo, suministrar antibiótico sistémico, cambiar el apósito con regularidad, hasta la desaparición de los signos clínicos
de infección. Aplicar apósito bactericida con plata.
En caso de exudado, usar apósitos absorbentes: alginato calcico, hidrofibra de hidrocoloide o las mallas de carbón y plata, hidroactivos (hidrocoloides, espumas, entre otros.
Una vez que el lecho ulceral muestre tejido sano, usar un apósito hidrocoloide o una espuma polimérica y efectuar su cambio solo cuando sea necesario.
Procurar la higiene y protección usando emulsiones cutáneas hidratantes en la piel y zonas atróficas.
No abusar de productos sensibilizantes como corticoides tópicos, aunque en caso de eccemas amplios puede ser necesario usarlos algún tiempo. El prurito local debe ser tratado para evitar el rascado.
Evitar el edema.
Ante un eccema inducido por algún preparado aplicado externamente, o por la propia secreción de la herida, se utiliza un tratamiento a corto plazo con esteroides locales. Es más efectivo un esteroide potente un corto periodo de tiempo, en función del grado de humedad de la herida y de la sensibilización del paciente.
Es factible aprovechar el cambio de vendajes para el lavado de la pierna con un jabón suave de uso sanitario.
Los vendajes interactivos autoadhesivos mejoran el confort del paciente y le permiten ducharse.
Fuente:
-Guías clínicas de productos de varias empresas, COLOPLAST. CONVATEC. BRAUN. HARTMANN. SMITH NEPHEW. KNOLL. JOHNSON. INIBSA. 3M. BEIERSDORF.