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El síndrome serotoninérgico es una suma importante de síntomas ocasionados por un exceso de serotonina.
Surge por el consumo de fármacos destinados a diversas enfermedades, que reúnen en común la capacidad de incrementar la liberación de serotonina en el en el cerebro y en otros órganos.
También ocurre por el uso de drogas (LSD, éxtasis y otras) y más raramente de extractos de plantas (ginseng, hierba de San Juan, entre otros productos) y suplementos nutricionales (triptófano). En general, aparece cuando se utiliza más de una de estas sustancias al mismo tiempo.
Es un conjunto de neurotransmisores ubicados en varias regiones del sistema nervioso central y que tienen mucho que ver con el estado de ánimo.
Entre las principales funciones de la serotonina está la de regular el apetito mediante la saciedad, equilibrar el deseo sexual, controlar la temperatura corporal, la actividad motora y las funciones perceptivas y cognitivas.
Otra función importante es actuar como el reloj interno del cuerpo, lo que a su vez determina ciclos de sueño y vigilia, mientras que coordina las hormonas del estrés y cortisol (hormona que el organismo fabrica ante situaciones de emergencia para ayudar a enfrentar problemas).
Los fármacos más implicados son los antidepresivos y los analgésicos opiáceos (tramadol, meperidina).
También se han hallado casos por ingesta de sumatriptán, valproato, litio, selegilina, metoclopramida y otros de uso menos común.
Algunos preparados anticatarrales han perjudicado el funcionamiento de la serotonina.
Los medicamentos citados potencian los efectos de la serotonina, ya sea incrementando su síntesis (l-triptófano), inhibiendo su metabolismo (IMAOs), o
ejerciendo una liberación creciente (MDMA, anfetamina, fenfluramina).
Por otra parte, impiden la captación de serotonina: la fluoxetina o sertralina, otros antidepresivos como venlafaxina, al igual que anfetaminas, meperidina, dextrometorfano, nefazodona y buspirona.
Se dan trastornos de gravedad variable. En algunos pacientes los síntomas son leves y transitorios, aunque pueden agravarse.
Alteraciones mentales, hiperactividad autonómica y daños neuromusculares.
Las primeras se resumen en intranquilidad, agitación, confusión, desorientación y hasta coma.
La hiperactividad se destaca por fiebre, taquicardia, diarrea, vómitos, diaforesis (profusa sudoración por actividad física, respuesta emocional, temperatura ambienta alta, síntoma de enfermedad subyacente o consecuencias crónicas de la utilización de anfetaminas) y dilatación pupilar.
Las anomalías neuromusculares más comunes son: temblores, mioclonías (movimientos involuntarios bruscos y de corta duración de uno o varios grupos musculares), rigidez, hiperreflexia (lesión médula espinal) y ataxia (falta de control muscular o incapacidad para coordinar movimientos adecuados, ocasionando deambular espasmódico, inestable, torpe y de vaivén de la mitad del cuerpo (tronco) junto a una marcha inestable).
Los pacientes mejoran rápidamente si suspenden la medicación en las primeras 24 horas en que suceden los inconvenientes; sin embargo, la gravedad es muy variada y algunos precisan su ingreso en la unidad de cuidados intensivos. La mortalidad se aproxima al 10%.
Se suprimen los fármacos que dan lugar a la agitación y la hipertermia (fiebre y contracciones musculares intensas ante el suministro de anestesia general)
y antagonistas serotoninérgicos, sobre todo la ciproheptadina y la clorpromacina.
Fuente:Boyer EW, Shannon M. "The serotonin syndrome". N Engl J Med