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Es un padecimiento en el cual la persona realiza con asiduidad acciones impulsivas y posee un estado de ánimo inestable, en tanto sostiene relaciones interpersonales caóticas.
El paciente tiene una notable impulsividad que comienza al principio de la edad adulta (adolescencia) y se da en diversos contextos (familia, escuela, amigos, trabajo).
Puede llegar a realizar frenéticos esfuerzos para evitar un abandono real o imaginario, es muy sensible a las circunstancias ambientales y a la
percepción de una inminente separación, rechazo o pérdida de la estructura externa; es posible que todo ello le ocasione cambios profundos en la auto-imagen, afectividad, cognición y comportamiento.
Presenta transformaciones bruscas y dramáticas de su propio aspecto, de objetivos, valores y aspiraciones personales o profesionales. Se aburre con facilidad y siempre está buscando algo que hacer.
Su estado anímico básico de tipo disfórico, caracterizado por tristeza, ansiedad, iritabilidad o inquietud, suele interrumpirse por períodos de ira, angustia o desesperación y son raras las oportunidades en las que un estado de bienestar o satisfacción releve sus características personales.
La mayoría de los pacientes se sienten muy mal cuando están solos, incluso por periodos muy cortos de tiempo.
Con frecuencia se sienten tan dependientes como hostiles, de ahí sus relaciones tumultuosas.
Pueden depender mucho de las personas cercanas y demostrar tremendos enfados o rabia hacia éstas en momentos de frustración.
Padecen de un bajo nivel de tolerancia a la frustración y gran dificultad para canalizarla de forma adecuada.
Según Marsha Linehan, hay sujetos que nacen con una tendencia biológica a reaccionar con mayor intensidad a niveles menores de estrés que otros individuos, y tardan más en recuperarse (puede ser una de las causas de este trastorno).
A veces idealizan a quienes se ocupan de ellos. Sin embargo, mudan rápidamente de forma de pensar y los devalúan.
Los pacientes experimentan una necesidad enorme de llevar una vida normal y sostener buenas relaciones, pero a la vez, sienten mucho miedo a la intimidad. Esta situación los tensiona y sufren ansiedad, culpabilidad y rabia.
Con respuestas impredecibles, consistentes en cambios bruscos de humor o repentinas explosiones emocionales, actúan con sarcasmo extremo, amargura persistente, explosiones verbales y ataques físicos dirigidos hacia sí mismos con intentos de suicidio o conductas autolesionantes.
La gente a su alrededor desconoce cómo contenerlas. Porque, además, sus sentimientos varían profundamente en calidad e intensidad, de momento a momento, y distorsionan la percepción de la realidad.
Alternan entre sentirse llenos de sentimientos, o bloquearse dando una imagen de apatía total y absoluta.
La desilusión que los embarga los lleva a la ira “y no pueden dominarse” al extremo de que lastiman físicamente a quienes tienen a su lado, totalmente fuera de control, viendo a los otros como “enemigos,” tornándose “paranoicos”, con el convencimiento de que esas personas quieren hacerles daño.
Entonces, caen en el abuso físico y luego se sienten culpables y tristes por sus actitudes. Pasan rápidamente del odio al amor.
Estos pacientes se ven a sí mismos como víctimas de las circunstancias y asumen poca responsabilidad por ellos mismos o por sus problemas.
Por otra parte, suelen ser inteligentes, agudos, graciosos e ingeniosos.
Los trastornos de personalidad son patrones de comportamiento prolongado (crónico) que afectan negativamente las relaciones interpersonales y laborales. La causa exacta del trastorno de la personalidad límite se desconoce.
Quien padece esta enfermedad es ganado por la impulsividad, cayendo también en el consumo de drogas, el alcoholismo y otros comportamientos peligrosos.
Abandono en la niñez o en la adolescencia
Vida familiar disociada
Comunicación deficiente en la familia
Abuso sexual
Este trastorno tiende a ocurrir más en las mujeres y entre pacientes psiquiátricos hospitalizados.
Sentimientos de vacío y aburrimiento.
Manifestaciones frecuentes de ira inapropiada.
Impulsividad con el uso desmedido del dinero, el consumo de sustancias, las relaciones sexuales, el apetito desenfrenado y el hurto.
Intolerancia a la soledad.
Actos recurrentes de crisis como hacerse cortes en las muñecas, tomar sobredosis o herirse (mutilarse).
La terapia de grupo puede ayudar a cambiar los comportamientos autodestructivos. El refuerzo de actitudes adecuadas por parte de los compañeros puede ser más positivo que la asesoría individual, porque los pacientes con esta afección tienden a crear dificultades con las figuras de autoridad, lo cual les impide el aprendizaje.
Los medicamentos pueden ayudar a nivelar los altibajos anímicos y tratar la depresión y otros trastornos posibles.
El pronóstico es desalentador, ya que con frecuencia no cumplen con el tratamiento.
Drogadicción
Intentos de suicidio
Trastornos en la alimentación
Depresión
Referencias
Moore DP, Jefferson JW. Borderline personality disorder. In: Moore DP, Jefferson JW, eds. Handbook of Medical Psychiatry. 2nd ed. Philadelphia, Pa: Mosby Elsevier; 2004: chap 138.
Montandon M, Feldman MD. Borderline personality disorder. In: Ferri FF, ed. Ferri's Clinical Advisor 2008: Instant Diagnosis and Treatment. 1st ed. Philadelphia, Pa: Mosby Elsevier; 2008.