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Una terapia conductual especial reduce los tics en los niños y adolescentes con el síndrome de Tourette y, según publicó JAMA/Journal of the American Medical Association, es tan buena como los fármacos que se utilizan para tratar ese desorden neurológico.
Es un resultado "muy excitante", dijo el doctor John Piacentini, de la University of California, en Los Angeles. "La terapia conductual no tuvo efectos adversos", agregó.
A veces, los fármacos para tratar el síndrome de Tourette ejercen efectos secundarios "graves". Son medicamentos que se suelen utilizar con los adultos psicóticos, como risperidona (Risperidol) y haloperidol (Haldol), y suelen causar sedación, aumento de peso y alteración de los movimientos.
Las personas con Tourette alcanzan a sufrir tics físicos, vocales, o ambos. En general, afirmó Piacentini, el paciente tiene una sensación no placentera que alivia con el tic. Eso refuerza el movimiento, que se vuelve automático.
Este síndrome es un trastorno neurológico crónico. Los tics motrices no siempre se presentan al mismo tiempo; se observan durante más de un año y comienzan antes de los 18 años de edad, constituyéndose en movimientos o sonidos rápidos e involuntarios que ocurren repetidamente.
En la mayoría de los casos, se hereda a través de un gen (o genes). Sin embargo, algunas expresiones del gen(es) se convierten en trastornos de tics más leves, o síntomas obsesivos-compulsivos sin tics. En ciertas ocasiones no hay síntomas.
Existen pacientes sin historial familiar conocida de esta enfermedad o de síntomas obsesivos-convulsivos.
La nueva terapia conductual, que creó el equipo de Piacentini -a partir de estrategias antiguas para la modificación de las conductas- ayuda a la persona a reconocer la necesidad de realizar el tic y la entrena para reemplazarlo por un movimiento voluntario.
A un niño que mueve su brazo hacia afuera, se le enseña a tensar suavemente los músculos del brazo y sostenerlo sobre el estómago o el tórax.
Con los tics vocales, como gruñir o decir malas palabras, "hacemos que respiren rítmicamente, más lento, de manera opuesta a lo que necesitarían para generar un sonido". Esto es lo contrario a tratar de suprimir un tic por la fuerza, lo que, para el equipo, agrava el problema.
En la segunda parte de la terapia, se identifican las situaciones disparadoras de los tics o los factores que los empeoran y se ayuda a los niños y sus padres a encontrar cómo evitarlos o superarlos.
Si un niño padece las burlas de sus compañeros, la asistencia debería consistir en hablar con los padres o los maestros para hacer que las bromas cesen. A los niños cuyo síndrome de Tourette se agrava con la ansiedad, se les enseña técnicas de relajación.
En el estudio, 126 niños con Tourette moderado o grave recibieron al azar entrenamiento conductual (llamado intervención conductual extensiva para tics o CIBT) en ocho sesiones durante 10 semanas, o terapia de apoyo y sesiones educativas (grupo de control).
El equipo usó la Escala Global de Gravedad de Tics, de Yale, para evaluar la seriedad de los tics antes y después del tratamiento.
Casi el 53 por ciento de los niños tratados con CIBT "mejoraron mucho o lo esperado", a diferencia del 19 por ciento del grupo de control. El nivel de mejoría con CIBT fue similar al registrado en estudios recientes sobre fármacos para controlar los tics.
Los menores tratados con la terapia conductual mejoraron también en el rendimiento psicológico, social y escolar. Los resultados "sugieren que el niño tratado con CIBT contribuye significativamente en su calidad de vida general", manifestó Piacentini.
Durante el seguimiento, el 87 por ciento de los niños que habían respondido al tratamiento conservaron sus beneficios a los seis meses. "Muchos niños y familiares la consideraron una experiencia que les dio poder. Son habilidades que se aprenden para la vida", concluyó.
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