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Dong Kyu, naturópata coreano residente en España, generó una terapia contra el cáncer, a partir de la aplicación de un compuesto de semillas ricas en vitamina B17 y otro de plantas coreanas, que le permitió sobrevivir de un cáncer que le lesionaba el estómago, intestino grueso y pulmón.
El naturópata ayudó a superar muchos cánceres, todavía “sin validez científica” y a la espera de que pruebas, ensayos y protocolos constaten su tratamiento oficialmente, pese a los numerosos testimonios de diversos pacientes que alcanzaron su recuperación total.
Esta medicina natural no posee contraindicaciones, ni efectos secundarios. Cura y reacciona de acuerdo a cómo esté el cuerpo de la persona.
Se utilizan sustancias de la tierra, árboles, minerales, animales e insectos. Los oncólogos no aceptan el procedimiento.
La base del tratamiento de Hang se basa en el calor y en dos complementos de elementos naturales.
El primero, consiste en una mezcla de semillas de algunas frutas comunes en Occidente y algunos frutos del Amazonas, todos ricos en vitamina B17; el método aceptado por la medicina alternativa ha dado lugar a una fuerte controversia por parte de la ortodoxia científica.
A la vitamina B17 se suma un segundo producto que “acelera la recuperación”, aportado por el licuado de diversas plantas coreanas, destacándose el Tomok y el Yon Za, un complejo rico en gluconato de benzaldehido.
Este proceso halló eco en Estados Unidos, Alemania, Austria y Corea.
Se localizan las células tumorales con la aplicación de calor en la zona afectada. Con la cocción de plantas medicinales, el vapor pasa por un tubo plástico que se ubica sobre la piel, con efectos tales como el aumento de leucocitos y el alivio del dolor; las células tumorales aparecen, entonces, con manchas rojas que delimitan la expansión de las células malignas.
Según la resistencia del paciente, se revela por su distinta coloración el núcleo principal del tumor. En forma paralela comienza el tratamiento con calor, dado que las células cancerígenas son más vulnerables a él.
La American Cancer Society reconoce las posibilidades del calor.
"Hay evidencias –indica en uno de sus documentos- de que “puede detener el crecimiento de los cánceres y incrementar la efectividad de la radiación y la quimioterapia en algunos casos. Acrecentaría el flujo de sangre y volvería más sensibles a las células cancerígenas al tratamiento convencional.”
El calor se desenvuelve como "fiebre", ayudando al cuerpo a luchar contra la enfermedad, algo de lo que reniegan los médicos ortodoxos.
El Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos impulsó varios ensayos con terapia de calor combinada, mediante electrodos de radiofrecuencia, más quimioterapia para pacientes de melanoma avanzado.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences dio cuenta de un método para combatir el cáncer basado en nanopartículas calentadas e insertadas en el tumor.
Con un escáner se incorporan en el tumor nanopartículas de un tamaño aproximado de 110 nanómetros (110.000 millonésimas de metro) fabricadas de sílice y recubiertas de oro. Luego, se irradia luz sobre la piel que recubre la zona afectada; las ondas infrarrojas atraviesan la piel y calientan las partículas ocasionando -en unos cuatro a seis minutos- la temperatura suficiente como para dañar las células cancerígenas y lograr que el tumor no continúe desarrollándose.
La hipertemia incrementa la temperatura de la zona sin que crezca el calor en el resto del organismo. Aparatos sofisticados cambian una energía fría de alta frecuencia relativa (0,5 Mgh) en un acrecentamiento de temperatura interna que no quema.
Por su parte, Dong explicó: "las células cancerígenas tienden a migrar hacia las zonas más frías del cuerpo.”
El rector de la Universidad de Zaragoza, Felipe Pétriz, proyectó la tecnología de nanopartículas magnéticas, como terapia no invasiva acotada a las regiones tumorales, con efectos mínimos para las distintas partes del organismo, evitando la aparición de toxicidades y logrando una alta especificidad.
Esta metodología consiste en inyectar minúsculos imanes que, a través de técnicas químicas, se camuflan como si fueran glóbulos rojos para engañar al sistema inmunológico. Además, la superficie de estos imanes contiene moléculas específicas afines a las células tumorales.
Estos objetos pasan las paredes de los vasos capilares y se fijan en órganos comprometidos con células tumorales. La aplicación de un campo magnético externo oscilante por la técnica denominada Hipertermia Magnética eleva los grados de la temperatura de las células adheridas, matándolas y dejando intacto el tejido normal circundante.
“La célula dendrítica pertenece al sistema inmune que proviene de células precursoras circulantes en sangre, con la tarea de fagocitar microorganismos invasores a través de receptores especializados en su superficie. Tras capturar a los cuerpos extraños, los rompen, y se movilizan, viajan al bazo por la sangre o hacia los ganglios linfáticos por la linfa, allí maduran y “presentan” los trozos del objeto invasor en la superficie de sus membranas a los llamados linfocitos T.
“Se aprovecha el rol de la célula dendrítica como material que se incorpora al tejido vascular que los tumores originan a gran velocidad para alimentarse del flujo sanguíneo del organismo.”
La hipertemia magnética sube la temperatura dentro del tumor y mata el tejido maligno; mejora la seguridad y calidad de vida.”