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Slow parenting: nueva tendencia educativa, relajada y tranquila

SLOW PARENTING: NUEVA TENDENCIA EDUCATIVA

RELAJADA Y TRANQUILA

 

Una nueva orientación educativa apunta a una enseñanza más relajada y tranquila, condicionada al ritmo de cada chico y teniendo en cuenta sus necesidades específicas.

 

 

 

Elogio de la lentitud

 

Los  seguidores del movimiento, entre los que se encuentran  principalmente Carl Honoré, autor de, entre otros libros, de “El elogio de la lentitud”, cada vez consiguen más aceptación en Estados Unidos y Europa.

 

 

 

 

Objetivo: padres e hijos sin apuro

 

La premisa es que los menores vayan descubriendo de la mano de sus padres, pero sin apuro, el mundo en el que les toca vivir.

 

 

Planificación de actividades escolares, reuniones con amigos

 

Como un ejemplo a llevar a cabo, se programa la semana de las criaturas de la siguiente manera:

Lunes, pintura; martes, natación; miércoles, inglés, y el resto de las materias en los días subsiguientes  hasta el fin de semana.

Los gurús de esta corriente educativa, advierten que los chicos deben  combinar las tareas o deberes pendientes con la concurrencia a exhibiciones que realiza el colegio y a reuniones con amigos.

 

 

Generación de padres “helicópteros”: no dejan a sus hijos ser niños


Argumentan que los padres desean lo mejor para sus hijos pero no toman conciencia que les están exigiendo mayor incorporación de conocimientos y más deprisa, convirtiéndose en una generación de progenitores “helicópteros”, cuyas hélices giran con sumo apuro, por lo que no les dejan tiempo para “ser precisamente niños”.

 

 

La vida no es una carrera contra el reloj

La vida es una oportunidad para que padres e hijos descubran juntos el mundo; no es una carrera y sí un viaje pausado.

Honoré relata en su libro que su vida se había constituido en una carrera contra el reloj y que un día se halló comprando para sus hijos una edición de “Cuentos para dormir de un minuto”. Entonces, consideró que no estaba viviendo en plenitud sino pasando por la vida a toda velocidad.

“Pensar en leer Blancanieves en sesenta segundos fue lo que me salvó”.


 

Aceleramiento, competitividad, hogares actuales con pocos chicos

 

Los padres se sumergen en la aceleración  y la competitividad. En la actualidad, además  la estructura familiar difiere de las de anteriores generaciones.

Las familias hoy son más pequeñas; la atención que antes los padres depositaban en cuatro o cinco hijos, ahora la dedican a dos o como mucho tres.

 

 

Las mujeres son madres a edades más tardías


Otra circunstancia actual es que las mujeres llegan a la maternidad con retraso, ya no son tan jóvenes, y parece que esto las impulsa a “hacer las cosas a paso ligero” y ejercen una presión desmedida en sus pequeños para aprender más en menos tiempo.

 

 

Consumismo y necesidades que se tornan imprescindibles

 

Se suma el consumismo imperante en la sociedad, que en muchos casos crea en los adultos la imprescindible necesidad de que a los menores no les falte ni uno de los últimos “gadgets” del mercado.

 

Pérdida de autoconfianza de los padres

El slow parenting parte de que uno de los  principales problemas es la permanente competencia entre padres, que acaba conduciéndolos a que  pierdan la confianza en sí mismos y a desconocer sus propios instintos.

 

Una reciente encuesta del portal Netmums, muestra una confesión de las madres: suelen mentir a otras sobre lo que dan de comer a sus hijos o acerca del tiempo que permiten a sus chicos que miren televisión.

 

 

No hay receta mágica, cada niño es único


Honoré ha sido categórico: “Conviene recordar que no hay una fórmula mágica y universal para educar a nuestros hijos, porque cada niño es único. Como familia debemos poner en práctica lo que mejor funcione para nosotros y dejar de compararnos con el resto”.

 

 

·         No convertirlos en lo que queremos que sean

Los psicólogos indican que si bien es natural e inevitable que los padres presuman de sus hijos “hasta cierto punto”, se corre el peligro de no dejarles ser como son, sino como los progenitores quieren que sean.

Al respecto, también es contundente Carl Honoré, al narrar que la profesora de su hijo de siete años de edad le dijo en una oportunidad que poseía un talento especial para la pintura. Honoré pensó de inmediato en contratar un artista plástico para potenciar a “su pequeño Picasso”. Sin embargo, su hijo lo rechazó y le contestó que él quería pintar tranquilamente.

 

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