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Las mujeres hoy son “fantasmas” de sus propias necesidades y deseos, de acuerdo a la afirmación de la doctora Carme Valls Llobet, endocrinóloga e investigadora de Cataluña, España.
Esta situación se debe –según la especialista- al hecho de que durante muchos años el sexo femenino viene cumpliendo “la misión” de satisfacer los deseos de otras y otros, máxime aún a quienes ostentan poder, lo que ha acabado por convertirlas en “invisibles”.
Enfermedad social
Se trata de una enfermedad social, denominada “síndrome de la invisibilidad femenina”, tan presente en la historia humana que las mujeres pasaron y pasan a ser excluidas de muchos contextos sociales importantes, como en el ámbito de la salud, donde un cúmulo de información académica disponible podría permitirles un desempeño principal en “procesos de atención, especialmente en lo que a salud mental y emocional se refiere”.
El dolor y la dificultad para identificarlo
La mayoría de las veces se observa en las mujeres una dificultad manifiesta para “intensificar y nombrar su propio dolor”, al punto de que se acostumbra a él y a soportarlo, tal cual fuese una condición intrínseca de su naturaleza, tornándose imperceptible para ellas mismas.
Distorsión de la realidad: creencias y actitudes equívocas
La percepción de la realidad llega a distorsionarse, de acuerdo al estado de salud subjetivo y de a cuanto existe en el exterior; todo depende de las creencias y comportamientos que ellas tienen, generalmente equívocas por condicionamientos de la cultura, la familia, la raza y la religión.
Salud mental: sana o negativa
El medio que rodea al sexo femenino es determinante para una sana o negativa salud mental.
Entran en juego la confianza, fuerza y autoestima que poseen en su entorno social, o si se les limita su “valor social”, exigiéndoles el cumplimiento de modalidades de vida y pensamiento alejados de su personalidad.
Visibilizar síntomas que atentan contra salud mental y emocional
No hay recetas. Las mujeres pueden considerar que es factible su desenvolvimiento como seres humanos autónomos.
Pero en cuanto a la salud mental y emocional, la independencia es lenta y más difícil de conseguir, dado que la mente y las emociones precisan de un terreno positivo para desarrollarse, a la vez que es imprescindible que ellas sientan amor, cariño y afecto para crecer y experimentarse en armonía.
Mandatos culturales
La sensación de culpa – hasta la cuantificación del pecado impuesto por ciertos dogmas religiosos- representan un peligro para la salud emocional y física, a raíz de costumbres opresivas –incluso occidentales- que las llevan a seguir mandatos contrarios a sus deseos que terminan apartándolas de las sensaciones corporales.
Necesidad de estímulo del contexto social
Cada mujer lograría un equilibrio integral si fuera estimulada para desplegar sus capacidades, sin la imitación de modelos externos, y si ella misma las promueven por más oposición que padezca.
Identidad propia
Es fundamental la autonomía emocional, la adquisición y refuerzo de una identidad propia, sin aceptar la influencia de estereotipos e ideas que las diversas sociedades siguen conservando sobre el rol de la mujer.
Autoestima y fiel a sí misma
Es preciso el fortalecimiento de la autoestima a partir de reconocer las capacidades y deseos propios, sin atarse a la opinión de los demás ni a la espera de una aprobación; esta es la conducta adecuada para superar obstáculos, ver los riesgos y enfrentarlos, siempre sin seguir ningún modelo de perfección sino anteponiendo la fidelidad para consigo misma.
Descalificación de una sociedad sexista y patriarcal
Hay que entender que la sociedad es sexista y patriarcal, por lo que cualquier objeto o individuo –niño, niña, mujer y adulta y mayor- son descalificados, se los hace “invisibles”, sin valor.
Cuanto más cunde el menosprecio, es difícil sobreponerse a saber que se ha perdido la existencia en el entorno social, pero no es un imposible si la mujer aprende a no ser invisible para ella misma.
Libertad
Hay un proceso arduo y profundo para tomar el camino hacia la libertad personal, que es el recurso inapelable para la autoestima se instale y crezca.
Contribuye el apoyo de profesionales de la salud mental, en especial mujeres que con ética y sensibilidad ya han encarado los mandatos de género.
Otra fuente: Alejandra Buggs Lomelí, Directora del Centro de Salud Mental y Género, psicóloga clínica, psicoterapeuta humanista existencial y especialista en Estudios de Género, México.
Aclaración
Alejandra Buggs Lomelí
Buenas tardes Marcela
Te escribe Alejandra Buggs Directora del Centro de Salud Mental y Género de México, el motivo de contactarme contigo es con la intención de aclarar que me es muy grato que tomes como fuente lo que escribí para CIMAC Noticias, lo que te agradezco mucho, sin embargo, me habría gustado y ese es el motivo de mi aclaración, que mencionaras claramente que el término "Síndrome de la Invisibilidad Femenina" es un término acuñado por mi, de otra forma, da la impresión que es otra persona quien así lo nombró, cuando en mi artículo de CIMAC queda claro como así lo menciono que es un término al que "he llamado síndrome de invisibilidad femenina"
Te agradeceré tomes en cuenta mi sugerencia para evitar malos entendidos y para respetar las ideas de otr@s y más aún las ideas de nosotras las mujeres.
Si requieres más información sobre el tema con mucho gusto estoy en la mejor disposición.
Agradezco tu atención al presente comentario.
Saludos cordiales
Alejandra Buggs Lomelí