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Este síndrome se asocia con el consumo prolongado de alcohol, que si bien no significa una aproximación a la demencia, lesiona la memoria a corto plazo.
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Es producto de la falta de tiamina (vitamina B1) que perjudica al cerebro y al sistema nervioso.
La ausencia de vitamina B1, en muchos alcohólicos, es producto de malos hábitos alimenticios: una nutrición inadecuada y sin vitaminas esenciales.
Además, las bebidas alcohólicas suelen inflamar el estómago e impiden la absorción de las vitaminas que el cuerpo precisa.
Este síndrome se presenta ante una situación de severa y baja nutrición.
Asimismo, forma parte del Síndrome de Wernicke.
El Korsakoff tiene dos etapas separadas pero relacionadas: la encefalopatía de Wernicke y la psicosis de Korsakoff.
No obstante, no todos los casos de Korsakoff son precedidos por un episodio de encefalopatía, aunque sí de amnesia.
Daña al cerebro y surge habitualmente en forma súbita.
La encefalopatía de Wernicke, si bien posee tres síntomas principales, ellos no siempre se logran observar, por lo que se dificulta el diagnóstico.
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Falta de voluntad; movimiento desigual en ojos o parálisis de los músculos que mueven el ojo; equilibrio pobre, paso tambaleante o incapacidad para caminar; confusión y somnolencia.
El tratamiento inmediato es esencial si se sospecha la existencia de este síndrome. Se deben aplicar altas dosis de tiamina inyectada vía venosa o muscular; si se concreta a tiempo, los síntomas remiten en pocas horas, caso contrario, es probable un daño cerebral e incluso la muerte.
La Psicosis de Korsakoff ocurre si la encefalopatía de Wernicke no es tratada, o sin tratamiento suficiente y a tiempo. Ocurre gradualmente.
El daño cerebral se suscita en pequeñas pero importantes áreas en la parte media del cerebro, produciendo una pérdida severa de memoria a corto plazo, en tanto otras capacidades permanecen intactas.
El principal síntoma es la pérdida de memoria, particularmente tras la declaración de la enfermedad.
Algunas veces, la memoria del pasado distante llega a lesionarse.
Otros síntomas incluyen:
Dificultad en la adquisición de nueva información o aprendizaje de nuevas habilidades.
La persona carece de percepción interna respecto a su condición y con grandes lagunas en su memoria puede creer que ella funciona normalmente.
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Invención de hechos para rellenar las lagunas anémicas; más común en estadios tempranos de la enfermedad y conocida como “confabulación “.
Apatía, mucha conversación y reiteración en la exposición de argumentos.
Sin embargo, una característica positiva es que las personas usualmente retienen las habilidades adquiridas antes de desarrollar la enfermedad, por ende, en general la sufren con el soporte apropiado.
Los afectados tienden a ser hombres entre 45 y 65 años con una larga historia de abuso alcohólico; se adquiere asimismo la enfermedad a una edad mayor o menor que la estimada.
Las mujeres también padecen la dolencia. La suelen desarrollar con menos años de edad que los varones, ya que son más vulnerables al impacto del alcohol.
Un hombre alcanza esta afección tras 20 años de abuso de alcohol; para una mujer implica 10 años.
Según los hábitos alimenticios, algunos alcohólicos padecen el Síndrome de Korsakoff y otros no.
El progreso de la enfermedad puede interrumpirse completamente si la persona:
· Se abstiene totalmente del alcohol.
· Adopta una dieta sana con suplementos vitamínicos.
Mientras se considera incierto si la tiamina adicional contribuye a mejorar un daño cerebral, sí aporta a su prevención.
En un periodo de dos años se alcanzan mejorías.
Cerca de la mitad de los pacientes se recobra en forma parcial y necesita ayuda para conducir su vida; otro cuarto requiere una atención a largo plazo.
El síndrome sigue avanzando si las personas persisten en su actitud alcohólica y se nutren pobremente.
El alcoholismo daña las células nerviosas en el cortex (capa externa del cerebro) y lesiona a una amplia variedad de capacidades y habilidades, lo cual se reconoce como demencia alcohólica.
El deterioro cesa y el paciente se recupera si se abstiene definitivamente del alcohol.
Se hallan desórdenes físicos asociados con la bebida como el daño hepático o de nervios en brazos y piernas.
Los pacientes son más propensos a herirse la cabeza por accidentes, peleas o ataques epilépticos.
Fuentes: Instituto FLENI, Argentina
The Merck Manual: Function and Dysfunction of the cerebral lobes