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Los síntomas del estrés responden a dolencias concretas, tanto físicas como psíquicas. Muchas personas concurren por un problema de salud a distintos médicos y no alcanzan una solución, dado que no reconocen que en realidad padecen estrés.
"Es muy común que al sentir síntomas de estrés el paciente acuda a diferentes profesionales tratando de resolver individualmente cada uno de los inconvenientes, pero si logra mejorar uno, simultáneamente, aparecerá otro", explicó la licenciada Gabriela Martínez Castro.
La directora del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA) de la Argentina explicó que "el estrés puede provocar taquicardia, mareos, dolores de cabeza, constipación, diarrea, problemas gastrointestinales, contracturas, insomnio, dificultad para la concentración o la memoria, entre otros tantos síntomas".
Uno de los síntomas del estrés es la actitud “acelerada” que adoptan las personas estresadas, a las que les parece que es algo natural, dentro de un determinado contexto, junto con la falta de tiempo suficiente para cumplir una gran cantidad de actividades.
En estos casos, su equivocación reside en creer que “son aceleradas”, cuando en verdad su conducta proviene de una suma de compromisos que incorpora a su vida y que implican un desgaste enorme para llevarlos a cabo.
Por otro lado, un alto estrés llega a ocasionar trastornos de ansiedad generalizada y, en menor cuantía, trastornos de pánico y ansiedad social .
Quien sufre de ansiedad generalizada " se preocupa excesivamente por cuestiones de la vida cotidiana y le es imposible priorizar, pues le resulta igual de importante la operación de riesgo de un familiar que arribar impuntual a una cita", aseguró la especialista.
La fobia o ansiedad social da lugar a un gran temor que dista de terminar, que se deposita en una o más circunstancias sociales, o presentaciones en público en las que el individuo se siente expuesto y con una expectativa negativa respecto a la opinión o visión de los otros sobre él.
Las personas con ataques de pánico "experimentan la sensación de estar cerca de la muerte, o la locura, sufren taquicardia, falta de respiración, ahogo, entre otros efectos", destacó Martínez Castro.
Los desencadenantes para sufrir estrés son variados: una alta demanda laboral, horarios extensos de trabajo, mantener una discusión, pasar un mal momento o vergonzante delante de otras personas, preocupación excesiva, un accidente de tránsito, la inseguridad, o problemas de índole familiar u económicos.
Asimismo, ciertos eventos que suelen demandar mucha dedicación: casamiento, nacimientos, embarazos, divorcios, entre otros.
" Todos estos trastornos se revierten con un tratamiento específico de terapia cognitivo-conductual (TCC) y la posible aplicación de medicación, en caso de ser necesario", afirmó la especialista, quien destacó que el tratamiento es breve.
"Conducido por expertos en la materia, el paciente debe estar de alta a los 4/6 meses de haberlo iniciado, recuperado para desarrollar sus actividades habituales, sin sintomatología física ni emocional", subrayó.