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Unos compuestos muy utilizados actualmente, los PFCs, estarían incrementando el peligro de desarrollar en los niños el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
Constituyen una familia de compuestos derivado de un hidrocarburo, donde los átomos de hidrógeno han sido reemplazados por átomos de flúor.
Estos químicos son de uso general en campos como la cirugía ocular para reemplazos temporales del humor vítreo entre la retina y el cristalino.
Asimismo, se utilizan para realizar la señal ultrasónica de los escáneres.
Se aplican en los equipos de refrigeración y en la limpieza y composición de los extintores. Los PFCs son gases extremadamente potentes y fomentan el efecto invernadero; además son un problema a largo plazo, ya que son activos hasta en 50.000 años.
Un estudio de 2003 sobre el PFC atmosférico más abundante: el tetrafluorometano, comprobó que su potencial provoca el calentamiento global, superando en 6.500 veces el provocado por el dióxido de carbono.
Compuestos más grandes de PFC incluyen PFOS y PFOS, que son persistentes en el ambiente y se observan en muestras de la sangre en todo el mundo.
Los investigadores, publicaron sus conclusiones en la revista Environmental Health Perspectives, donde destacaron que las personas están muy expuestas a los PFCs y añadieron que es fundamental ahondar más en estudios sobre la relación entre estos compuestos químicos y el TDAH.
Es una de las dificultades más frecuentes en los niños vinculadas con el neurodesarrollo. Sus síntomas principales son: fuerte imposibilidad para concentrarse, hiperactividad e impulsividad. No se saben los motivos, aunque se considera que existe una asociación con factores genéticos y ambientales.
La nueva investigación se detuvo en el análisis de la probabilidad de involucramiento del TDAH y cuatro tipos de PFCs.
Junto a las consecuencias por químicos señaladas precedentemente, se añadieron para su evaluación los elementos que se aplican mucho en artículos industriales y comerciales, desde los paquetes de las comidas hasta la espuma para extinguir el fuego.
Para averiguar qué daños ejercen en la gente, los expertos evaluaron 571 chicos de 12 a 15 años. Los padres de 48 de ellos sostuvieron que sus hijos tenían diagnóstico de TDAH.
Kate Hoffman, la autora principal, analizó la sangre de los niños y halló que quienes concentraban altos grados de PFC poseían mayor exposición al TDAH.
La especialista dijo que si bien se constató la relación entre la patología y esos productos, se desconoce si es casual, pese a que los análisis de sangre demostraron que los comportamientos de los chicos con TDAH se incrementaron con los químicos.
Advirtió, entonces, que dada la gran cantidad de PFCs que afecta a las personas, es preciso profundizar la evaluación de su efecto en el neurodesarrollo de los chicos.