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El ingreso de agua al oído y los resfríos mal curados es muy posible que produzcan un proceso inflamatorio en los oídos que, sin tratamiento oportuno, puede convertirse en un problema crónico.
La otitis es frecuente en la niñez. Daña las partes internas o externas del oído; se da súbitamente y durante un período corto (otitis aguda), o en forma repetitiva durante un tiempo largo (otitis crónica).
El pediatra Max Zaidman, de la clínica Ricardo Palma, indicó que se observa la otitis media aguda cuando hay un compromiso de los órganos internos del oído; mientras que la otitis externa abarca la lesión del conducto o canal auditivo.
Los perjuicios auditivos se vinculan con complicaciones de las infecciones respiratorias, como el resfrío común, o los procesos de congestión nasal.
La doctora Marybel Hirakawa, otorrinolaringóloga del Instituto Nacional de Salud del Niño, refirió que la forma de otitis más frecuente es la media aguda.
En este proceso es esencial la actividad de las trompas de Eustaquio, que van desde el oído medio hasta la parte posterior de la garganta.
Las trompas drenan el líquido que normalmente se produce en el oído medio, pero pueden ser bloqueadas por la inflamación que causa la acumulación de líquido o la presencia de gérmenes.
La infección se vuelve crónica cuando el líquido, o una infección por detrás del tímpano, no desaparecen.
Si la otitis surge repentinamente, con un intenso dolor, puede deberse al ingreso de agua al oído o a traumas ocasionados en el conducto auditivo por el uso inadecuado de los hisopos (otitis externa).
Si la inflamación no es tratada a tiempo, se perfora el tímpano como un modo de facilitar la salida del líquido acumulado en el oído medio. Si la lesión es pequeña, se cicatriza fácilmente, pero si es más importante, el paciente sufre una disminución de su capacidad auditiva.
“Al no cerrarse la lesión, la perforación permite el paso de cualquier agente [agua y gérmenes] hacia el oído medio, dando lugar a otitis recurrentes”, explicó la doctora Marybel Hirakawa.
La especialista señaló que en situaciones de ese tipo solo queda realizar una operación de limpieza del oído medio (mastoidectomía: una cirugía que extirpa las celdillas en los espacios huecos y llenos de aire halladas en el cráneo por detrás del oído, las cuales se denominan celdillas mastoideas).
En casos extremos, el procedimiento se completa con una reparación quirúrgica de la membrana timpánica [timpanoplastía].
La otitis se trata durante siete o diez días con antibióticos. Terminado el tratamiento, los especialistas recomiendan pasar por una nueva evaluación.
Esta tiene por finalidad verificar que no haya más líquido o inflamación en el oído medio. Si persiste, el médico otorrinolaringólogo receta un nuevo tratamiento.
Cuando los niños presentan un dolor repentino de oído, se les puede administrar un analgésico oral hasta que sean vistos por el médico.
La limpieza de los oídos se debe realizar con mucho cuidado. Los hisopos solamente hay que utilizarlos en el pabellón de la oreja y en el orificio del oído; nunca en el canal auditivo.