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Se ha consolidado en los últimos tiempos un nuevo concepto, vinculado a un mal que afecta a personas de todo el mundo, sin que ellas, la mayoría de las veces, reconozcan sus características y consecuencias muy graves, al punto de que tienden a considerar que su salud no se halla expuesta a problemas difíciles de remontar.
Se trata de la procastinación, mucho más peligrosa que el estrés. La ignorancia sobre este daño en la salud, conlleva, lamentablemente, a que la gente padezca una suma de sucesos que contrarían sus decisiones cotidianas, mientras deja de lado la atención médica, cuando la realidad indica que es muy difícil escapar a esta problemática sino se busca la ayuda asistencial inmediata.
La procastinación perjudica el desempeño laboral y social. El individuo cae en un profundo trance de confusión, ya que este trastorno se define como la tendencia sistemática a dilatar, a postergar, a posponer, a abandonar para más tarde o para mañana y/o por un largo tiempo las obligaciones, compromisos o actividades inherentes a la profesión, orden social y personal y que no admiten demoras.
Las tareas indispensables, son reemplazadas por el cumplimiento de acciones irrelevantes que aportan transitoriamente más placer.
El término procrastinación o procastinación, deriva del latín pro- (adelante) y crastinus (relacionado con el mañana).
Afecta a distintos perfiles: desde el ejecutivo que aplaza una y otra vez una reunión porque la prevé conflictiva y sin solución aparente, hasta el estudiante que elude e indefinidamente el rendimiento de exámenes.
Este fenómeno podría calificarse como una posible y próxima epidemia, por la cantidad de sujetos que lo padecen. Ya es un serio inconveniente psicológico que atenta contra el bienestar, la salud mental, emocional y social, con una disminución trascendente en el rendimiento laboral.
Hay dos tipos de procastinación: la casual (en la que una persona abandona el cumplimiento de ciertas actividades concretas) y la crónica, que se constituye en el comportamiento habitual de posponer todas las responsabilidades, sin cambiar ninguna situación.
Este último caso se puede volver altamente dañino y ser motivo de problemas mas serios como la depresión. Los estados anímicos ejercen un papel importante en el cuadro.
El ciclo de la procrastinación, con diversas etapas de ánimo decaído, dura desde horas hasta años.
* En principio, la persona tiene mucha confianza en sí misma y suele decirse: "Esta vez voy a aprovechar el tiempo y a empezar temprano".
* Por alguna razón se sabe eficiente, pero no se apura por iniciar la tarea que se ha propuesto; siente, en cambio, que eventualmente el comienzo del trabajo se producirá de forma espontánea.
* Transcurre un tiempo de no hacer nada, el estado anímico cambia por la preocupación de haber perdido la oportunidad de comenzar temprano. El sujeto se dice: “debería empezar en cualquier momento, no lo voy a lograr temprano, pero dispongo todavía de tiempo ".
* Se acaba todo optimismo y gana el presentimiento de fracaso.
* Al final, se manifiesta la procastinación en conductas específicas. El individuo piensa: "¿que pasaría si no empiezo en absoluto?", busca en su mente opciones para evadir la responsabilidad, o bien se imagina las consecuencias de no cumplir con la responsabilidad; se torna paranoico, en tanto aumenta en él la ansiedad y la culpa a medida que pasa el tiempo.
* La procastinación lleva a acometer acciones de menos importancia con el convencimiento erróneo de creerse en productividad. Entonces, la persona ordena el escritorio, lava platos, limpia la casa; necesita “ocuparse” para aliviar su ansiedad, aún reconociendo que la modalidad de encarar la realidad es contraproducente, dado que deja de lado en su vida lo imperioso.
* Surge la depresión en un grado considerable: vergüenza y nervios en aumento. En este estado es cuando la persona ve su problema desde otra perspectiva y se culpa.
* Pico de adrenalina: es un momento clave donde se decide si se termina un proyecto o se abandona completamente. Para cualquier caso, abundan excusas.
*Abandonado el proyecto, aparece el "nunca más". La persona cree con toda honestidad que nunca volverá a hacer lo mismo, incluso conociendo cómo funciona el ciclo de procastinación.
Bauman, Zygmunt (2005). Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias. Paidós Ibérica. Barcelona. ISBN 950-12-5426-7.