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Las conductas normales y patológicas se relacionan de modo significativo con el medio ambiente; el entorno social “moldea” los comportamientos, pero las personas son capaces de cambiar el contexto en que viven.
Interacción recíproca
Una interacción continua y recíproca, bidireccional, define los contextos en que la gente vive y de acuerdo a las particularidades sociales, según los preceptos que rigen en la Terapia Cognitiva Conductual (TCC).
Entenderse y comprenderse, desórdenes psicológicos
Lo que vale es saber compartir toda situación procurando el entendimiento y la comprensión.
Muchos aspectos de los desórdenes psicológicos reciben el influjo de relaciones interpersonales disfuncionales.
Conductas patológicas
Las conductas patológicas se ven estimuladas por familiares y amistades - aún inconcientemente y hasta de forma inadvertida- quienes mientras pretenden ayudar a los pacientes, terminan ocasionando hábitos nocivos, o bien los profundizan.
· No es suficiente una terapia individual
En estos casos no es suficiente un procedimiento terapéutico individual con entrenamiento del manejo de la ansiedad, ya que no hay que dejar afuera el territorio interpersonal donde se inserta la patología.
· Procedimientos específicos, ancianos, depresivos graves
Las familias son el “principal espacio” para conseguir una modificación positiva de las relaciones. Esto es así porque generalmente los miembros se ocupan de estar cerca de los pacientes y de cuidarlos; les corresponde prestar suma atención para no desvirtuar el control que requieren sobre todo los ancianos o los enfermos depresivos graves.
Hijos adolescentes desafiantes
Hay circunstancias que colocan a la misma “familia como paciente”, por ejemplo cuando una pareja no se lleva bien o desconoce cómo actuar con un hijo adolescente desafiante.
Trato con padres ancianos, el error de la falta de estimulación
Es habitual que los adultos mayores se quejen de dolencias físicas; la generalidad de los hijos les brinda asistencia –médica y personal- , aunque deben invitar constantemente al diálogo.
Si un anciano dice sentirse bien, lo más probable es que sus hijos no lo inciten demasiado para conservar un buen en estado de salud.
Cómo cambiar conductas en padres de mucha edad
Hay que concretar un abordaje conductual de la familia, adiestrándola en técnicas de modificación de conductas, como el Refuerzo Diferencial de Conductas Incompatibles (RDI) y la extinción de comportamientos contraproducentes.
Los familiares a través de la TCC son orientados para interactuar a favor del anciano y se los apoya para crear una adecuada socialización, es decir, que el adulto mayor no emita lamentos o expresiones propias de la depresión, sino que hablen de temas cotidianos, de familia y del campo social en el que se desenvuelve.
Recursos familiares para superar cuadros depresivos
La modalidad de la Terapia Conductual se basa en apuntalar el diálogo entre todos los miembros de una familia, al igual que la aceptación de realidades, a la vez que enfatiza en la necesidad de acudir a las sonrisas, a las expresiones de afecto y a una compañía explícita en buenas y cruciales instancias.
El objetivo es que la comunicación resulte inmediata y persiga la estimulación de una conducta social adecuada del paciente, lo cual deriva en una mejora del estado de ánimo y de la depresión.
Terapia de pareja, interesarse en las necesidades del otro
Los especialistas enseñan la aplicación del RDI, recomiendan a los dos aplicar conductas que favorecen y fortalecen el compañerismo.
Se orienta a que cada uno a detecte las necesidades del otro y cumpla una actividad que el otro desea, acompañada de palabras afectuosas, gestos de cariño y reconocimiento de su presencia.
Cuando el hombre o la mujer buscan la estabilidad emocional y satisfacción en la relación, reconocen también que la crítica hacia el otro por lo que hace o deja de se útil, sin anteponer el predominio del interés y el afecto.
· Discusiones, enojo, agresión
Las discusiones usuales llevan a la pelea y a una actitud crítica, que conduce al enojo o la agresión, o a la emisión de ningún comentario benévolo.
El RDI enseña a aprobar y elogiar los comportamientos de la pareja y dejar de lado las equivocaciones en las que todas las personas incurren.
El tratamiento precisa de un consentimiento mutuo.
Si un integrante grita, insulta o ironiza a su cónyuge, se le sugiere a este último que no responda, lo cual ayuda a disminuir la hostilidad.
El RDI es exitoso cuando los integrantes de una familia no responden agresivamente, ni se esmeran en concentrarse en comportamientos ajenos a su deseo y/o verbalizaciones propias de la depresión.
En el abordaje conductual, se le instruye al familiar sobre diferentes modos de eliminar una conducta que no lo satisface: saber usar la indiferencia sin provocar daño, dejar de mirar a quien lo lastima, retirarse del lugar, no responder y hacer cualquier otra cosa que no lo haga permanecer a su lado.
Es factible observar, entonces, que se produce una modificación en el anciano o en los menores: hablan normalmente, no se lamentan y adquieren una conducta positiva orientada a la adaptación.
Parejas: incrementar la interacción en la terapia sin hostilidad
En el tratamiento de parejas, importa dar impulso a interacciones no hostiles con involucramiento activo de ambos en la información que suministra el psicólogo.
Consiste en observar un comportamiento modelo e imitarlo. Es un procedimiento muy utilizado en los programas terapéuticos de habilidades sociales. En lo que concierne a problemas de comunicación en parejas, el modelado es especialmente útil para mudar de aire los componentes formales de la conducta; uno de ellos, típicamente, es el elevado volumen de voz con el que integrantes discuten.
En estos casos, el terapeuta habla intencionadamente en un tono de voz más bajo que lo habitual con el fin de que los pacientes lo copien, especialmente cuando se plantean diferencias entre sí.
Una vez mostrado el modelo, los pacientes tienen que practicarlo: conversar a un volumen bajo durante una determinada cantidad de tiempo diaria.
La práctica continua hasta que ambos adquieran la forma de comunicarse sin peleas a la hora de exposición de diferencias e interpelar sanamente los desacuerdos.
Cada integrante de la pareja deben acordar que cumplirán las pautas aconsejadas,
Muchas veces los conflictos parten de ajetreos de poca monta y cotidianos, como quehaceres de la casa, horarios de dormir o elección de programas de televisión.
· Distribución de tareas, espacio para el ocio
El contrato conductual fija comportamientos en cada área conflictiva. Se distribuyen responsabilidades, tareas y horarios de comidas, lavado de vajilla y compras, corte de césped y espacios para el ocio personal.
La adjudicación de roles reduce las disputas por temas minúsculos y diarios.
De a pequeños pasos hay que ajustar y rediseñar los detalles en función de las experiencias pasadas y hacia la búsqueda de la satisfacción de ambos.
No tiene sentido un tratamiento individual porque las problemáticas son fundamentadas por factores sociales y familiares, lo cual amerita la intervención vincular.
La Terapia Conductual aporta las herramientas para que cada paciente se sienta mejor y “haga lo mejor”.
Fuentes: Lic. José Dahab, Lic. Carmela Rivadeneira y Lic. Ariel Minici