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Existen perforaciones coronarias de grado III con alta tasa de complicaciones graves agudas y crónicas en el sistema cardiovascular. Se tratan de inconvenientes menos frecuentes, raros, de los cuales se concretó un primer estudio a nivel mundial encabezado por especialistas italianos y del Reino Unido.
Al concluir la investigación, se dieron a conocer vaticinios de esas perforaciones graves y recomendaciones terapéuticas en JACC, Cardiovascular Interventions, material en gran parte escrito por el doctor Rasha Al-Lamee, del Instituto Científico San Raffaele, de Milán.
Estas perforaciones fueron motivo de evaluación porque siendo relativamente extrañas en las caterizaciones cardíacas, “son graves en extremo y los operadores desconocen cómo actuar cuando ocurren”, explicó el experto.
Los cuatro grandes vaticinadores de perforación coronaria de grado III fueron: lesiones coronarias complejas (tipo B2/C), oclusión coronaria (obstrucción de una de las arterias coronarias, que impide el flujo de sangre a una zona del músculo cardíaco) y el uso de rotablación (técnica especial que taladra para abrir lesiones complejas y calcificadas) o ultrasonido intravascular (obtención de imágenes tomográficas, transmurales, detalladas, de alta calidad, de las arterias coronarias in vivo).
Los cuidados adicionales para estos pacientes de alto riesgo, debieran incluir medidas preventivas como “la evaluación adecuada del tamaño del vaso (sobre todo si mide menos de 2,5 milímetros) y la selección minuciosa del tamaño del balón y del stent”, remarcó Al-Lamee.
El estudio encontró que la aplicación de inhibidores de glicoproteína IIb/IIIa (drogas antiplaquetarias) incrementaba el peligro de complicaciones cardíacas graves durante la intervención y la hospitalización.
También el informe de las conclusiones indica que "el inflado prolongado del balón y la implantación cubierta del stent dieron buen resultado en una proporción razonable de pacientes", entre la gran cantidad de tratamientos utilizados.
Los autores propusieron un esquema de flujo para guiar las decisiones terapéuticas cuando aparece una perforación de grado III.
"Esta última es una complicación temida y grave de la intervención coronaria percutánea (ICP) que restablece el aporte de sangre al corazón desobstruyendo las arterias estrechadas, con mal pronóstico inmediato y una tasa de mortalidad muy alta", redactó el equipo. Y agregó: "Un cardiólogo intervencionista tendría que estar preparado para esta dificultad".
Un editorial sobre el trabajo, a cargo de los doctores Eric Eeckhout y Rodney De Palma, del Centro Hospitalario de la Universidad de Vaudois, en Suiza, comentó que “la incidencia de la complicación no disminuyó en el tiempo, lo que quizás refleja la mayor complejidad de la ICP".
De un total de 24.465 pacientes, solamente 56 recibieron una intervención coronaria percutánea (ICP) en uno de dos hospitales entre mayo de 1993 y diciembre de 2009, sufriendo una perforación de grado III (incidencia del 0,23 por ciento), tal cual informó el estudio.
El 42,9 por ciento (24) de ellos experimentó un infarto de miocardio durante el procedimiento o la internación. Diez pacientes (el 17,9 por ciento) murieron en ese período.
En los 38,1 meses de seguimiento, 19 (el 41,3 por ciento) de los 46 pacientes restantes tuvieron una complicación cardíaca grave y 7 (el 15,2 por ciento) fallecieron por otra causa ajena al sistema cardiovascular.
FUENTES: JACC: Cardiovascular Interventions, 2011
Coronary perforation: Angioplasty out of control Catheterization and Cardiovascular Interventions Volume 52, Issue 3, Date: March 2001, Pages: 287-288 Alan W. Heldman, Jeffrey A. Brinker
Revista Española de Cardiología