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Más de cien instituciones internacionales identificaron trece nuevas variantes genéticas vinculadas al peligro de padecer una cardiopatía isquémica (infarto de miocardio o angina de pecho). Esto facilita el reconocimiento de la dolencia que es hoy el principal motivo de muerte en los países industrializados.
Los factores genéticos llegarían a explicar un 40 por ciento del riesgo de presentar esta enfermedad, informó Roberto Elosua, coordinador del grupo de Investigación en Epidemiología y Genética Cardiovascular del Instituto de Investigación Hospital del Mar (IMIM), que participó de la tarea.
Ya con anterioridad el mencionado centro descubrió otras doce variantes relacionadas con la afección.
“Ahora se han detectado trece nuevas características genéticas asociadas con una mayor probabilidad de sufrir un infarto de miocardio o angina de pecho, de modo que en la actualidad conocemos veinticinco variantes genéticas”, destacó Elosua.
Si bien el nuevo aporte investigativo duplicó la información disponible, hasta el momento se ha conseguido determinar un 10% de los factores que se relacionan con la cardiopatía isquémica en el orden genético.
Avanzan los investigadores para ubicar el 90% restante, que se hallaría vinculado con variantes raras o poco habituales en la gente, que aunque perjudicarían a menos del 5% de ella, no dejarían de provocar un riesgo de infarto o angina de pecho, en razón de las características de los genes que modifican el ADN.
Las veinticinco variantes constatadas son comunes y están presentes en más del 10 por ciento de la población.
En cada variante una característica genética impulsa el exceso de peligro cardiovascular.
Cada persona puede mostrar 0 característica genética (no heredada de sus padres), 1 vez (herencia de padre o madre) o 2 veces (heredada de ambos progenitores).
Por cada oportunidad que se descubre una procedencia genética riesgosa, crece entre un 6 y 17 por ciento la probabilidad de anticiparse a una cardiopatía isquémica.
De las trece nuevas características verificadas, dos tienen que ver con el colesterol y una con hipertensión en cuanto al peligro cardiovascular, mientras que las restantes –según Elosua- serían factores riesgosos todavía ignorados.
Remarcó el científico que los avances investigativos llevarán progresivamente a detectar y comprender causas, cuantificar exposiciones nefastas y generar nuevos fármacos.
El 60 por ciento de una caída en un infarto responde a factores ambientales, aunque no se descarte el componente genético.
Lo cierto que lo relevante es llevar una vida saludable que incluso es lo único que podemos modificar, lo que no se logra con los genes, subrayaron los resultados que aparecen en la revista “Nature Genetics”, en el marco del proyecto internacional Cardiogram.